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COLABORACIÓN Paciencia china
Ahora China es la revelación, la potencia del futuro.
Por:
Ileana Alamilla
El tema de las relaciones “comerciales” con China Continental ha ocupado importantes espacios en los medios de comunicación. Ya no es la China comunista proscrita y prohibida.
Ya no es el dragón endiablado lanzando llamaradas rojas. Ya no es la Revolución Cultural tan criticada. Los dirigentes comunistas y el partido que allí gobierna ya no son los “comeniños” de antes. Ahora China es la revelación, la potencia del futuro.
Ese país milenario, enigmático, tan lejano como misterioso y apasionante, ha demostrado que su arma inmortal, la paciencia, está cosechando frutos en todo el mundo. Lentamente, avanza en pos de sus objetivos estratégicos.
El 1 de julio de 1997, ante la incrédula mirada mundial, Hong Kong, reivindicado históricamente como parte del territorio chino, fue devuelto a sus orígenes. Un Estado, dos sistemas fue la consigna convertida en realidad.
China, el país más poblado de la tierra, con mil 200 millones de habitantes, muestra impresionantes avances económicos. El ideario de Mao duerme tranquilo, embalsamado, en la plaza Tiananmen, mientras gobierna el pensamiento producto de la reforma económica impulsada por Deng Xiaoping.
En las orillas del legendario río Yan Tze se yergue Shangai como símbolo de una pujanza y modernidad que tiene sus raíces en la profundidad de la historia de la humanidad. Los dirigentes comunistas chinos dicen que no hay que confundir el mercado con el capitalismo, ya que ni siquiera tienen entre sí orígenes contemporáneos.
Así nos lo explicaron a una delegación de periodistas latinoamericanos que visitamos ese país en 1997. Ya entonces estaba en marcha el acercamiento con Centroamérica. La propuesta inmediata era un entendimiento mutuo y el impulso de la amistad entre los pueblos.
Lo estratégico: desarrollar relaciones comerciales y, al final, establecer relaciones diplomáticas.
A Taiwan se le estrecha el mundo, la realidad se impone y terminará perdiendo los pocos resquicios de reconocimiento político que le quedan en el orbe, entre ellos los países centroamericanos, a pesar de los cheques tenebrosos que algunos ex gobernantes del Istmo han recibido.
En Guatemala, tanto el Gobierno como los empresarios, coinciden en su apreciación sobre ese ilimitado mercado al que ven como una buena opción para impulsar negocios. Igual lo percibió el sector empresarial taiwanés, que acogió con entusiasmo el anuncio de permitirles invertir y negociar en China.
O sea que las percepciones son las mismas, acá en Guatemala y allá en Taiwán. El capital no tiene fidelidades.
Y otro elemento más, Estados Unidos es el segundo socio comercial de China.
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