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Guatemala, lunes 07 de noviembre de 2005

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Opinión

EDITORIAL
Renace fantasma del Usumacinta

Para Centroamérica, y especialmente Guatemala, la parte importante de la controversial Cumbre de las Américas, celebrada en Argentina, es la posibilidad de que México y Colombia participen en la inversión en el Istmo de unos siete mil millones de dólares en varios proyectos energéticos.

Pero al mismo tiempo, en esa inversión se encuentra un fantasma que ha rondado desde hace décadas: la construcción de una hidroeléctrica en el río Usumacinta.

Dentro de cuatro semanas, una comisión de ministros preparará el proyecto de acuerdo entre los países participantes. La oferta incluye aspectos positivos, como modificar el Pacto de San José y mejorar los precios del petróleo en los países del Istmo, así como construir una refinería en Guatemala o en Costa Rica para procesar petróleo pesado, y una regasificadora que transforme gas líquido en energía. Pero incluye la construcción de una gran hidroeléctrica, según dijo el presidente mexicano, Vicente Fox.

No se dijo el nombre, pero es evidente que se trata del río Usumacinta. En ningún otro lugar se puede construir un proyecto así, cuyos gastos serán estratosféricos, y que se justifican porque México obtiene beneficios que superan con creces la inversión.

La hidroeléctrica es una parte mayoritaria de la inversión total, al punto de que es válido considerar que la oferta de la refinería y de la gasificadora son en realidad adornos para envolver lo que realmente interesa: la hidroeléctrica.

Guatemala no debe aceptar. El río no corre en una planicie, sino es la frontera entre un terreno elevado en el lado mexicano, y otro plano, en el guatemalteco. Significa que en este último habrá una anegación que significa la pérdida de territorio, de jungla necesaria para la oxigenación del planeta, de parte de las escasas tierras peteneras fértiles, y la destrucción de cientos de sitios arqueológicos mayas, entre ellos, Piedras Negras.

Los efectos serían terribles para Guatemala aunque se hicieran tres hidroeléctricas, de menor tamaño, pero como se habla con claridad de una sola obra, se debe entender que aceptar esa construcción será un verdadero crimen de lesa patria cometido por quienes lo aprueben.

Es inaceptable que un tema de tanta importancia quiera ser aprobado en apenas cuatro meses, para ajuste en la ahora destruida Cancún.

La participación del sector privado internacional, que en teoría tiene beneficios, en este caso aumentará las presiones, porque las hidroeléctricas tienen como característica necesitar de inversiones cuantiosas pero luego su energía tiene el costo más barato de producción.

Es necesario aclarar este punto, en el cual Guatemala deberá luchar sola, pues estos males no afectan a ninguno de los demás países, que consideran que el proyecto cumple con todas las expectativas, como dijo el presidente salvadoreño Saca. Todo lo relacionado con este acuerdo energético debe ser transparente y conocido por los guatemaltecos, informados por funcionarios que escogerán entre actuar a favor o en contra de los verdaderos intereses nacionales.

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