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EDITORIAL Guatemala no es un país ballenero
El Congreso de la República se está viendo relacionado, otra vez, en una innecesaria fuente de críticas, al aprobar una iniciativa de ley para afiliar a Guatemala a la Comisión Ballenera Internacional (CBI), tema que está muy lejos de poder entrar en la serie de prioridades nacionales y que, además, abre la puerta a justificadas sospechas acerca de presiones de Japón, país al que le interesa aumentar la autorización de matanza de los cetáceos.
La relación de Guatemala con los mamíferos más grandes del mundo, las ballenas, se reduce a la muy esporádica presencia de alguno de ellos en aguas cercanas al país. Nada más: es simple cuestión de realidad geográfica. Pero otros países, por razón de su cercanía a los gélidos mares del norte, sí han tenido relación con la caza de esos animales.
Existe una entidad internacional, la CBI, que vela porque la cacería no alcance volúmenes que causen la desaparición de las ballenas, a la cual pertenecen cuatro países del Istmo. Pero hay algunos que tratan de incrementar su influencia por medio de aumentar el número de miembros que voten en forma favorable para poder cazar más ejemplares.
El ingreso de Guatemala en el CBI debe ser, entonces, motivado por la sugerencia de algún país interesado. Entre las razones que el Legislativo afirma tener para analizar la medida, se encuentra el de colaborar o participar en las investigaciones científicas en beneficio de los cetáceos, y es entonces donde el asunto entra en el campo de lo inexplicable.
Guatemala no puede relacionarse en manera alguna con la investigación científica respecto de las ballenas, porque no existe industria ballenera, barcos, laboratorios ni nada acerca del tema.
Ningún país podría estar interesado en ayudar a integrar esta industria o esta actividad científica.
El Legislativo cuenta con una sugerencia que cae en el mismo campo en que se verían Bolivia y Suiza si trataran de crear una marina de guerra, que Brasil creara un instituto para el estudio de las montañas nevadas del Amazonas, o que Islandia gastara dinero y esfuerzo en estudiar palmeras.
El Congreso tiene asuntos importantes qué tratar, y por ello si los diputados dedican su tiempo para discutir sobre temas como este, demuestran estar colocados de espaldas a los intereses y a los temas de importancia en el país.
Guatemala, eso sí, debe apoyar todos los esfuerzos para ayudar a sostener el delicado equilibrio ecológico mundial. Pero justificar el ingreso en la CBI para permitirle al país investigar las ballenas, simplemente no se puede justificar, ni explicar cuál es la lógica real de tal pensamiento.
El Legislativo como entidad política, debe preguntarse, además, cuál es el beneficio obtenido por Guatemala cuando se toma la decisión de ingresar en una institución internacional de cualquier tipo. No parece haber ninguno. Entonces, si se quiere colaborar para que los cetáceos no desaparezcan del mundo, se deben buscar otras formas más efectivas para ese indudable noble propósito.
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