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Guatemala, viernes 07 de octubre de 2005

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Cultura

Revelaciones: “Laberintos y rompecabezas”
Por: Margarita Carrera

Con este tercer libro de cuentos Javier Mosquera Saravia se coloca dentro de los mejores escritores guatemaltecos de la actualidad.

Dividido en tres partes, "Laberintos y rompecabezas", nace bajo el influjo de Kafka, Cortázar, Borges y Luis de Lión. En medio de la primera parte: "Rompecabezas" y de la última: "Más rompecabezas", destaca "Laberintos", donde se dan, quizás, sus mejores relatos.

Aquéllos en donde el autor da a conocer el deseo, la soledad, el dolor y la angustia existencial.

Lo cual no significa que desmerezcan los otros cuentos que retan al lector a armar un rompecabezas desconcertante pero no por eso menos fascinante.

Veamos, si no, su última narración: "El domingo hay que consagrarlo al Señor". Desde el inicio, el lector queda atrapado y presiente una voz que recuerda al Kafka de "La colonia penitenciaria": "Son tan altos los edificios que ya no es posible ver el cielo...Las puntas de los rascacielos parecen curvarse en lo alto y forman una cúpula que lo empuja todo hacia el cemento".

Nos encontramos dentro de una ciudad en donde la palabra cielo sólo señala un "concepto o símbolo" y sirve de marco al macabro relato sobre cómo son torturados los condenados a muerte, para gozo y satisfacción de un público desalmado y atroz, muy semejante al pueblo guatemalteco: "Mire usted, es que ya estábamos cansados. Aquí mataban gente todos los días. Por cualquier razón.

Para robarle unos centavos, o un celular...A todos nos urgía un remedio. Y como basamos nuestra vida en el libro de libros, exigimos sin descanso 'ojo por ojo y diente por diente'.

Al fin nos hicieron caso..." Fue así que "se inventó lo de la vitrina de la muerte". El condenado sufre, antes de morir, una lenta tortura que ha de terminar el séptimo día, porque "El domingo hay que consagrarlo al Señor".

La nota poética aparece en "El consuelo": "Tanto tiempo de nubes son apenas dos costalitos de neblina y eso no alcanza ni para media nostalgia".

Mosquera penetra también en el mundo inconsciente: "El deseo" gobierna a un joven que se enamora locamente de una mujer que ve en el metro. La busca con persistencia. Cuando por fin un amigo se la va a presentar, huye.

Más desconcertante es "La 1a. calle de la soledad o ¿adónde se la llevaron?". Ella, la amada, ha desaparecido. Él, el amante, no pierde la esperanza de que algún día regrese.

La fatal espera, lo hunde en la depresión, esa "costumbre de pequeño burgueses".

Poco a poco lo va perdiendo todo, hundido en el más intenso sufrimiento. El inicio de "Los días" es abrumador: "A veces el mundo te pesa tanto que despiertas de madrugada..." Es la mujer madre y esposa y ama de casa y trabajadora.

Está cansada de todo y de todos, pero calla. "Cansada, muy cansada, regresas a preparar la cena...Al llegar a la cama, tu esposo aún está despierto. Te acuestas rápidamente, en posición fetal, dándole la espalda. Y duermes. Ningún deseo o necesidad del cuerpo pasan por tu mente. Ya no."

Lo mismo que "Dragones y escaleras y otros cuentos" y "Angélica en la ventana", F&G editores publica - de manera impecable- "Laberintos y rompecabezas" de Mosquera: "uno de los escritores más originales de la literatura guatemalteca actual", como apunta en la contraportada Oswaldo Salazar.

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