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Sin certeza sobre sus seres queridos
Decenas de aldeas permanecen anegadas en la costa sur
Por:
Claudia Munaiz, Leonardo Cereser
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| Las personas que se quedaron aisladas por el derrumbe del puente sobre el río Nahualate consiguieron ayer cruzar arriesgando su vida. |
En la costa sur la población se aferra a la esperanza de que sus familiares desaparecidos hayan conseguido ponerse a salvo.
Aunque la lluvia disminuyó, sus viviendas siguen inundadas. La destrucción se asoma tras los primeros rayos del sol.
Decenas de personas que permanecían albergadas en el salón comunal de la aldea Cerro Colorado, La Gomera, Escuintla, salieron poco a poco de su refugio al ver que empezaba a alumbrar el sol. La destrucción se mostró cruel ante sus ojos. El río Coyolate lo había arrasado todo.
“Tuvimos que huir con mi hijo y mi esposo. La correntada aumentaba, y creímos que íbamos a ahogarnos”, contó Claudia Guarán, mientras observaba el tejado de su casa, cubierto por el río. “La crecida fue tan rápida que no tuve tiempo de sacar mis trastos ni mi colchoneta”, lamentó.
Pocos metros más adelante, Diego Uracán sacaba algunos muebles para llevarlos a un punto más alto de la aldea.
Puerto San José, anegado
En Puerto San José, Escuintla, la situación se complicaba. El nivel del agua seguía en 1.20 metros, pero aún así, unas 25 familias albergadas en el salón municipal intentaban regresar a sus viviendas. Al encontrarse con que sus casas seguían anegadas, por la tarde regresaron al albergue.
Iztapa, bajo el agua
En Iztapa, en el mismo departamento, el agua alcanzó en algunos puntos los dos metros de altura. La población tuvo que abandonar sus casas y construir champas improvisadas de lámina y de nylon, sobre la carretera. Hasta tres familias compartían la misma galera, a la espera de ayuda, ayer.
En medio de la tormenta, en la Base Naval del Pacífico alumbró la esperanza. Leticia Cabrera Herrarte, de 35 años, llegó a las 18 horas del miércoles al centro asistencial. Dos horas después, daba a luz al pequeño Claudio.
En Nueva Concepción, Escuintla, estaba más complicado. La gente tuvo que atravesar el río Nahualate sirviéndose de un cable corroído. Cada uno tuvo que pagar Q5 a un hombre que les facilitaba la huida del agua. El paso tenía que ser rápido, pues el caudal del río seguía aumentando.
El recuento de muertos en la costa sur se hacía complicado, ya que hay un gran número de desaparecidos.
Sandra Vega fue capaz de salvar de la corriente a cuatro de sus hijos, de entre seis meses y 9 años, pero el pequeño, de 3 años, se le fue de las manos.
En medio de la tristeza, la madre no perdía la esperanza y esperaba recibir noticias en el refugio de Puerto San José.
Escuintla: Necesidad de alimentos
Rubén Grijalva, síndico primero de Puerto San José, Escuintla, se encontraba ayer preocupado porque la gente empezaba a dar muestras de enojo por la falta de comida.
La ayuda no ha podido llegar a los lugares más necesitados, por los bloqueos en las carreteras y la falta de medios para distribuirla. Ante la desesperación, algunos se manifestaron frente a la municipalidad, mientras otros terminaron asaltando la tienda La Occidental, en la colonia Peñate.
También en Iztapa se suscitaron problemas, cuando las empresas camaroneras de la zona pidieron refuerzos de seguridad privada, por la insistencia de algunos pobladores de entrar en los predios y sustraer los mariscos.
Ayuda: EE.UU. enviará helicópteros
El Comando Sur de Estados Unidos enviará cinco helicópteros UH-60 Blackhawk y un CH-47 Chinook para la búsqueda y el rescate de afectados.
Está programado que dos de las naves, incluyendo una con capacidad de levantamiento, lleguen a Guatemala a más tardar hoy.
La ayuda del Gobierno de Estados Unidos se provee por medio de la Oficina para la Asistencia a Desastres Internacionales de la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Comando Sur de ese país.
Guatemala también recibió un aporte de US$100 mil para pagar el transporte aéreo de provisiones de auxilio a la emergencia y agua potable, y para la compra de comida, agua y otros víveres.
Además, un cargamento de provisiones de emergencia, incluyendo miles de frazadas y utensilios para la higiene personal.
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