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Un día sin solventes
En la vida de los niños y jóvenes de la calle
Por:
Coralia Orantes
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| Jonathan Rosales les ha devuelto la sonrisa a los jóvenes, con los partidos de futbol en El Amate. Foto Prensa Libre: Adolfo Mejía. |
Todavía con olor a solvente y pegamento en el rostro y las manos, Miguel está preparado para iniciar el juego.
A sus 14 años de edad, sus ojos se iluminan cuando le entregan sus implementos deportivos. Practica con la pelota y se impacienta al esperar que empiece el partido de futbol. En sus manos no se observa ninguna bolsa o estropajo con solvente. Durante este momento, la satisfacción del juego hace que deje sus adicciones por un lado.
Un día nada más
Miguel forma parte de los 150 niños y jóvenes que se reúnen en torno al programa “Un día sin solventes”.
El campo de futbol ha sido improvisado en el parque capitalino El Amate, donde los jóvenes que viven en la 18 calle y la 5a. avenida de la zona 1 han cambiado parcialmente la drogadicción por el deporte.
Ellos mismos han participado en la limpieza, pintura y acondicionamiento del lugar, con la asistencia de la Municipalidad de Guatemala y varias empresas.
Pasar un día sin inhalar solventes es la única condición para integrarse al programa. El domingo, cuando se efectúan los juegos de futbol, los niños y los jóvenes deben dejar el tíner y el solvente, como requisito para ser admitidos en los equipos.
Pero la sorpresa de los organizadores es que los muchachos, por el deseo del juego, se han mantenido “limpios” hasta tres veces a la semana.
De los siete equipos que eran en un principio, ahora suman 18. También se han integrado los hijos de los vendedores del área, para tratar de evitar que ellos puedan caer en los vicios.
Los protagonistas de los eventos deportivos están entre los 6 y los 17 años. Cada domingo se forman para recibir camisola, pantaloneta y tenis, que deberán devolver al finalizar el partido, para que sean lavados y estén listos para la próxima semana.
El placer de servir
Jonathan Rosales es un vendedor de los alrededores que trata de ayudar a los adolescentes a salir de la drogadicción. Él es responsable de que los 150 jóvenes vivan la experiencia de un día sin tíner ni solvente.
Rosales indica que ahora cuenta con la ayuda de varias instituciones, que se han dedicado a preparar diversas actividades. “Empecé a ver que a los niños les gusta el futbol y pensé que un programa les ayudaría poco a poco a dejar el vicio, nunca creí que tuviera tanto éxito”, explica.
Semana a semana, este vendedor se encarga de reunir a los menores, darles sus implementos deportivos e incluso algunas veces figura como árbitro.
También cuenta con la ayuda de otras personas que algún día fueron niños de la calle y ahora quieren colaborar para que otros no caigan en los vicios.
“Estaré en la Sele”
Algunos de los menores proceden de los departamentos y han viajado a la capital en busca de un trabajo para poder ayudar a sus familiares. Después de un tiempo, ellos dicen que sólo se han topado con la miseria, el desempleo, la discriminación y la exclusión. Por ello, justifican el uso de los solventes.
En otros casos son niños abandonados que no conocen a sus progenitores o han estado en hogares sustitutos, pero después de un tiempo se han escapado.
Aunque el programa no cambia toda su vida, el deporte los hace tener metas. “Algún día estaré en la Selección Nacional, espero poder llegar a ser como el Pescadito Ruiz o como el Pin Plata” afirma Miguel.
Otros sueñan con poder llegar a la escuela, pues no han tenido oportunidad de estudiar ni el primer grado de primaria. En sus sueños se ven como médicos, abogados o maestros.
Rosales informa de que cada domingo invitan a varios equipos de futbol para que se enfrenten con los niños de este sector de la capital.
“Al verlos jugar sólo confirmamos que son niños, que merecen una oportunidad y que esperamos que esto les pueda ayudar”, dice Rosales.
“Como mis hijos”
Jonathan Rosales es un comerciante que se ha dedicado a ayudar a los jóvenes que se encuentran en el vicio de inhalar solventes. Dice sentirse complacido de la respuesta de los menores.
“Los veo como mis hijos, los respeto y deseo de todo corazón que salgan de esos vicios”, detalla.
Además de incentivar a los menores con el juego de pelota, también ha buscado en las empresas privadas una ayuda para los eventos.
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