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Versiones cruzadas del operativo en Ixcán
Autoridades dicen que sólo se excavó un montículo, y pobladores denuncian abusos por parte de los soldados
Por:
Lorena Seijo
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| Después de la operación de las fuerzas de seguridad, los líderes comunitarios explicaron a la población qué era lo que había pasado y por qué se había estado excavando en su aldea. Foto Prensa Libre: Santiago Botón. |
El Ejecutivo niega que se haya dado algún tipo de abuso en el frustrado operativo contra el narcotráfico efectuado el lunes en Ixtahuacán Chiquito, Ixcán, Quiché, pero las denuncias de los pobladores continúan.
La operación de alto impacto dirigida por el Ejército en Quiché ha levantado toda una polémica sobre la actitud de las fuerzas de seguridad en el área y la efectividad de este tipo de incursiones.
Mientras los vecinos de Ixtahuacán Chiquito han denunciado abusos por parte del Ejército, tanto el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, como el presidente Óscar Berger y el ministro de Defensa, Francisco Bermúdez, lo negaron ayer tajantemente.
“No hubo ningún tipo de allanamiento ni problemas con la población, como están denunciando. De hecho, no se llevaban órdenes de allanamiento porque el objetivo era excavar un montículo donde se suponía que había armas”, afirmó Vielmann.
Según el ministro de Gobernación, por medio de inteligencia militar se recibió información de que había tres toneladas de armamento en el área, por lo que se decidió llevar a cabo una operación combinada.
“Se tenía información desde hace dos años de que pobladores del área estaban vendiendo armas a México, pero lamentablemente no se dio con el lugar”, aseguró Francisco Bermúdez, ministro de Defensa.
Vielmann dijo que desconocía por qué falló, ya que toda la información provino del Ministerio de la Defensa, pero sí señaló que en ningún momento se buscaba al líder del cartel del Golfo, Otto Herrera, “ya que él se mueve por Petén”.
La versión de las autoridades fue reforzada con un video que la Secretaría de Comunicación de la Presidencia tomó durante el operativo. En él se puede observar cómo los militares, encapuchados y camuflados, llegaron a la aldea, mientras la población salió corriendo alarmada hacia la selva.
En un segundo momento llegaron la PNC y el Ministerio Público para comenzar la revisión del área, y los vecinos permanecían dentro de sus casas o arremolinados bajo los árboles.
También puede apreciarse cómo el alcalde auxiliar y varios líderes de la comunidad reclaman al fiscal que no les avisaron del operativo, por lo que muchos se asustaron. El funcionario responde que no era posible, ya que no sabían si la población estaba colaborando con los narcotraficantes en el trasiego de armas. En ningún momento se ve uso de la fuerza.
Tras un par de horas de excavación, los soldados no encontraron las armas. Según contó Santiago Botón, vecino de Ixcán, el alcalde comunitario, Isaac Miguel, expuso que los militares permanecieron en la aldea durante seis horas, y al momento de la llegada encañonaron a algunas mujeres que recibían capacitación en una casa comunal.
Sandino Asturias, del Programa de Fortalecimiento a las Organizaciones Especializadas en Seguridad exigió a las autoridades una explicación por los excesos en el uso de fuerza. La bancada del Frente Republicano Guatemalteco anunció que iba a pedir la comparecencia de los ministros en el Congreso.
Zona de guerra
Ixcán, a 375 kilómetros de la capital por la vía Cobán-Chisec-Playa Grande, fue una de las áreas más golpeadas durante el conflicto armado. En la década de 1980, miles de campesinos de las más de 176 aldeas abandonaron sus tierras y se refugiaron en México. Ello provocó que la región se convirtiera en una de las más pobres del país.
La base militar de la zona creó el terror entre la población, a la que acusaban de colaborar con la guerrilla, que, a su vez, también utilizaba la espesa selva y lo escarpado de las montañas para huir del Ejército.
El propio pueblo de Ixtahuacán Chiquito fue víctima de una masacre en 1982. Lo supervivientes fueron retenidos en la base militar durante meses, y los niños, enviados a otras aldeas.
De 1987 a 1994 se logró el retorno a la zona de cinco mil 509 campesinos. A partir de 1998, la Comisión Especial de Atención a Repatriados (CEAR) registró el reasentamiento de 10 mil 485 pobladores.
Debido a los antecedentes históricos, la presencia de soldados en el área provoca pánico entre los residentes.
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