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Guatemala, miércoles 13 de diciembre de 2006

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Opinión

ECLIPSE
Futuro patentado

Uno de los casos dramáticos es el referido a la modificación genética.
Por: Ileana Alamilla

Es irónico que todas y todos estemos preocupados y empeñados a diario por aspectos intrascendentes de la vida. Es un proceso lógico, producto de la cotidianidad y de nuestro involucramiento en actividades básicas y necesarias.

Sin embargo, lo trascendental para la existencia de la humanidad y, por lo tanto, el legado a nuestros descendientes, ni siquiera lo pensamos. No hay tiempo ni es parte de nuestra área de trabajo. Lo dejamos para los desocupados, para los excéntricos y radicales, a quienes muchas veces discriminamos.

Las creaciones de la naturaleza y de la sociedad que heredamos de manera conjunta y libre; las ondas de radio; la madera, los minerales, el aire y el agua; el derecho a tener acceso a las orillas de mares, ríos y lagos; los avances de la ciencia; la creación colectiva y, en general, todo lo que hemos heredado en conjunto y que debemos transferir, sin merma, es lo que se ha dado en llamar “los comunes”.

Todas esas cosas compartidas, perdurables, administradas para el beneficio común a largo plazo, todo ese bien con que contamos y que nos sirve de sustento básico para la existencia, así como el vasto acervo de ciencia, de arte, las costumbres y leyes de la humanidad que son semillero de toda la creatividad humana, son “los comunes”.

Incluyen la comunicación, el lenguaje, Internet, los árboles, los parques, las calles y, por supuesto, la cultura; es decir, todo aquello que, sin percibirlo, lo compartimos.

Pero los comunes ya no son tan colectivos; están siendo acaparados por propietarios, en una peligrosa transgresión de la frontera de lo racional. Pero lo grave es que esto genera enormes desequilibrios y profundiza las desigualdades en las sociedades, gracias a las ambiciones desmedidas causadas por el mercado que, al no tener regulación alguna, es como un gran monstruo, una máquina insaciable que nos devora y avanza sin control, que no entiende de necesidades y de protección, que no se interesa en catástrofes ambientales, riesgos sociales, ni en sensibilidades humanas.

Hay una tendencia al confinamiento de los comunes, que obviamente despoja de su goce y disfrute a la colectividad y pone peligro su existencia.

Uno de los casos dramáticos es el referido a la modificación genética. La quinta y sexta letras del genoma humano ya han sido patentadas. Estamos entonces a las puertas de nuevas empresas de creación de vida, de producción de sociedades artificiales, y todo esto a las mayorías nos es ajeno.

No nos damos cuenta de que los comunes están dejando de ser tales, y que a medida que avancen en su registro, el futuro de la humanidad estará patentado.

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