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UCHA’XIK Algo más de lo mismo
El futbol nunca va a ir para adelante mientras no se reconozca el valor a los jugadores departamentales.
Por:
Sam Colop
A decir verdad, me ha impresionado la reacción de algunos lectores sobre el tema del miércoles pasado. Sobre todo, de quienes nunca pensé que seguían el futbol, como un amigo ajq’ij q’eqchi’.
Otro lector me preguntó por qué no mencioné a Vandercam, a Julio Jolomná, al Canche Pérez a Sergio Anaya, y la verdad es que recuerdo muy poco de esos años y nombres.
A propósito de estos jugadores, creo que en el nombre Coti Díaz, el primero debe ser Cotí como se escribe aquel apellido indígena en Quetzaltenango y Jolomná era de origen q’eqchi’.
A todo esto vale la pena preguntar: Si Juan Carlos Plata se identificara como Juan Carlos Puac, ¿como se escribe ese apellido ahora, le darían la misma cobertura que le dan los medios de prensa?
Otro asunto que me contaron, es que después que el Xelajú campeonizó y como esto no lo recuerdo muy bien, mejor lo dejo como una anécdota. El equipo campeón de Haití vino a enfrentarse a este campeón nacional.
El primer encuentro se realizó en Xela y el segundo en el Mateo Flores, así llamado por la vergüenza ladina de ponerle un nombre “indio” que le dio gloria a este país.
En aquel partido en el estadio de Xela, me cuentan que algunos espectadores quedaron impresionados al ver por primera vez en su vida a jugadores negros; “de color” como dirían los que se asumen “incoloros”.
Esto me lleva al siguiente punto. A finales de los 70 si no recuerdo mal, vino la Selección cubana a jugar en contra de la Selección guatemalteca. El Mateo Flores se abarrotó de gente, creo que más por curiosidad que por afición.
En aquel espacio apenas cabía un espectador más y la ansiedad era ver a los cubanos que, según se decía, tenían cachos y colas; pero la realidad es que aquellos jugadores eran como cualquier otro humano. La satanización que se hacía del comunismo, se vino para abajo.
Lo simpático fue que al terminar de cantarse uno de los himnos nacionales y aprovechando aquella fracción de segundos, alguien con un vocerón que llenó el estadio, gritó a todo pulmón: “¡Viva Fidel Castro!”.
Ese grito llenó el estadio de aplausos y de risas. Ya no me acuerdo el resultado de aquel partido, pero fue más la emoción ver a jugadores proscritos por la “democracia” que aquí dice practicarse.
Ahora se contrata a un montón de extranjeros que apenas hacen “la cacha”, llenan espacios y aportan muy poco. Yo pregunto, ¿si Puac, Chen entre otros, reivindicaran su origen maya, se les reconocería por igual? Vaya usted a saber en esta patria que se dice multiétnica, pero cuya esencia es racista.
El asunto es que el futbol local nunca podrá ir para adelante mientras no se reconozca el valor a los jugadores departamentales.
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