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Guatemala, jueves 30 de agosto de 2007

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Económicas

Economía y Desarrollo: Microfinanzas, ¿alternativa para salir de la pobreza? (I) parte
Por: Tomás Rosada Villamar

Opinión

Desde hace algún tiempo el mundo ha presenciado un fenómeno que comenzó como una idea pequeña, administrada en dosis igualmente pequeñas, pero con implicaciones muy grandes, que trascendieron fronteras nacionales y superaron las expectativas de todos.

Hablo de la “revolución de las microfinanzas” que apareció hacia los años 70 como una iniciativa de un profesor universitario en Bangladesh, quien se propuso dar créditos en pequeños montos a personas que prácticamente no existían para los mercados formales.

Hogares pobres que, por su misma condición, no tenían acceso a mecanismos tradicionales de crédito.

El profesor Muhammad Yunus, 30 años después es reconocido por el mundo entero al habérsele conferido el premio Nobel de la Paz. En realidad debió ser un premio Nobel de Economía, pues ciertamente este hombre tuvo la creatividad de cuestionar modelos teóricos tradicionales que por tanto tiempo habían excluido a sectores importantes de población mundial del acceso a fuentes de crédito, y por consiguiente reduciéndoles el menú de opciones para salir de la pobreza.

Pero ¿cuál fue la “genialidad” del profesor Yunus? De manera sencilla se puede resumir en una sola palabra: confianza. Eso que hoy día llamamos “capital social”, y por lo que durante los últimos años instituciones internacionales y gobiernos han apostado como mecanismo detonador de procesos de desarrollo económico y social.

La idea original del microcrédito era muy sencilla, juntar un grupo de personas que individualmente no tienen ningún tipo de activos que puedan presentar ante un banco como garantía por un préstamo y condicionarles el crédito, de manera que si un miembro del grupo falla, todos fallan y el castigo sería negarles el acceso a préstamos futuros.

Obviamente hay otros elementos que acompañan a esta tecnología crediticia, pero en esencia este es el principio que la mueve.

Esto más tarde fue analizado por economistas y evidenció ser un mecanismo muy poderoso para seleccionar clientes buenos de clientes malos, ya que los grupos de clientes no tienen interés en tener “malos” integrantes que los pongan en riesgo a todos. Viene siendo una aplicación práctica a la frase “justos pagan por pecadores”.

Además, porque típicamente los miembros de estos grupos son de la misma comunidad y por consiguiente les es más fácil (¡y barato!) conocerse y seleccionarse que para cualquier institución financiera tradicional que quisiera evaluar la capacidad de pago de estas personas por métodos tradicionales.

Así es como el concepto de la microfinanza ha logrado combinar de una manera positiva el capital social de las comunidades con el capital financiero que brinda el acceso al crédito. En otras palabras, las microfinanzas básicamente le dieron un “valor financiero” a la reputación crediticia de las personas.

Y esto es fundamental porque en muchos casos es lo único que tienen muchos de los usuarios del microcrédito para garantizar el repago de sus préstamos.

El modelo ha sido tan exitoso que hoy ya no se habla solamente de dar (micro) crédito sino que de explorar otras posibilidades de servicios financieros como microahorro, microseguros, y capacitaciones en competencias laborales, con lo que se amplían aún más las oportunidades de los microempresarios y sus familias.

Es así como este mundo de las microfinanzas ha aprendido a innovar sobre la marcha. Ha madurado. Al punto que hace algunos años se comenzó a hablar de procesos de graduación de clientes. Es decir, aquellos que comenzaban en un grupo y demostraban ser “buena paga” se les iba incrementando el monto de sus préstamos y se les permitía formar parte de grupos más pequeños o incluso hasta podían llegar a tener préstamos individuales.

Obviamente, esta idea de graduación va acompañada de un proceso de crecimiento de los negocios con lo cual se esperaba que en algún momento los microempresarios pudieran tener acceso a préstamos de bancos comerciales y así poder continuar creciendo.

Por supuesto que este proceso no ha estado libre de obstáculos, y Guatemala no es la excepción (de ello hablaré en mi próxima columna). Sin embargo, creo que hasta hoy la experiencia mundial evidencia que como innovación tecnológica la revolución de las microfinanzas ha logrado cambiar paradigmas financieros.

Ha servido como un instrumento de inclusión y cohesión social que potencia las capacidades de las personas de integrarse en una economía de mercado. En el menor de los casos demostrando que hogares con bajos niveles de ingreso también pueden ser sujetos de crédito, ¡y muchas veces hasta de mejor calidad!

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