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HORIZONTES Todo un parto
Cambios y obras como este merecen la atención pública porque no son un proyecto privado de ninguna majestad, sino un cambio a fondo.
Por:
Francisco Beltranena.
Llegó finalmente el día del Transmetro. El fin de semana se trató de la prueba suave y ayer, lunes, la primera de fuego real. En ambos casos, los reportes no fueron absolutamente halagadores y, en muchos casos, hasta desesperanzadores.
Nadie duda de la necesidad de contar con un sistema de transporte público masivo eficiente. Yo sería el primero en utilizarlo si satisficiera mis necesidades, pero no es así. La Ciudad de Guatemala lo necesitaba desde hace ya bastante tiempo, y no ha sido sino hasta bien entrada la primera década del siglo XXI cuando se ha hecho el esfuerzo, con el primer ramal del Transmetro.
Es muy interesante comprender que la problemática que hoy por hoy ha enfrentado la Municipalidad de Guatemala no es exclusiva de este municipio sino del Área Metropolitana, que incluye otros municipios del departamento de Guatemala. El plan del que forma parte el Transmetro está contenido en el Plan de Movilidad Urbana para el año 2020, es decir, en apenas 13 años.
Al revisar la información pública, en www.transmetro.miniguate.com, uno puede encontrar la problemática por la que se ofrece como solución el Transmetro: “En la región metropolitana existe una fuerte centralización de problemas de movilidad, que contrasta enormemente con las condiciones en el interior del país: de todos los vehículos registrados, el 62 por ciento está registrado en el departamento de Guatemala, y durante los últimos años el parque automotor ha sufrido aumentos anuales de 5.6 por ciento en promedio.
Por su parte, se estima que la red vial en la Ciudad de Guatemala ha aumentado únicamente al ritmo del 1.2 por ciento anual”.
Si uno hace memoria sobre los últimos 21 años en los que no ha habido un crecimiento correlativo al del parque vehicular (como lo señala la página oficial de la Muni), es preciso señalar que, de ellos, Óscar Berger ocupó ocho; Álvaro Arzú lleva 7; Fritz García-Gallont, 4; Álvaro Heredia y Eduardo Castillo, 1 cada uno.
Hoy, cuando el Transmetro estará enfrentando su segundo día de operaciones en pico de demanda, debemos recordar que la obra, para que esté completada, requiere de ocho rutas troncales que al final de cuentas tendrán 95 kilómetros. Hoy, con los beneficios o dificultades que enfrente, es tan sólo uno de las ocho rutas de las que constará hacia finales de 2015.
La idea del Transmetro no es original ni de Fritz García-Gallont ni de Álvaro Arzú. El Sistema de Buses Rápidos (SBR), como se le conoce, comenzó en Curitiba, Brasil, en 1970 y ha sido implementado con relativo éxito en otras ciudades como Bogotá, Barranquilla y México.
Por cierto, fue el año pasado que vino a Guatemala el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalonso, quien implementó allá el TransMilenio, sistema que no ha estado ajeno a las críticas, a pesar de ser un mejor sistema de transporte que el convencional.
Seguro que las imágenes mostrarán (como ya lo hicieron el domingo) las estaciones y los autobuses articulados llenos a rebosar, no sólo en las horas pico. Esto se dará indudablemente como resultado de la prohibición de circulación de otros autobuses en la ruta y que, quizás, el tamaño de los buses sea inadecuado para la demanda.
Por otro lado, cabe preguntarse si la Aguilar Batres y la Bolívar van a ser capaces de soportar el peso de los autobuses sin dañar la estructura de las calles sobre las que se ha montado el Transmetro. En Bogotá se construyeron carriles especiales, y ya falló. Por eso pregunto.
Finalmente, y no por ello menos importante, merecen atención las palabras del alcalde Arzú del viernes recién pasado: “Los críticos, con todas esas toneladas de tinta, son un cero a la izquierda”.
Escribir sobre el tema irrita al alcalde; no obstante, el problema es de todos, especialmente de los que le dimos un mandato transitorio. Cambios y obras como éste merecen la atención pública, porque no son un proyecto privado de ninguna majestad, sino un cambio a fondo que más parece un parto. ¡Hasta la próxima!
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