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SIEMBRA Corrupción
T. E. Huxley: “La sociedad difiere de la naturaleza en que persigue una finalidad moral definida”.
Por:
Carlos Zúñiga Fumagalli.
La corrupción es un mal endémico en todo el mundo. Un problema social que va en aumento por la pérdida de los más elementales principios morales. Reglas básicas que nos permiten convivir en sociedad, basadas en el respeto por nosotros mismos y los demás.
Los animales tienen sus normas por naturaleza, para sobrevivir entre sí. Nosotros actuamos por el uso de la razón, controlamos nuestros actos.
La moral se refiere a nuestras acciones y si éstas se basan en la bondad o malicia. No pertenece al actuar natural, sino estriba en el entendimiento o en la conciencia de la persona. Lo moral tampoco concierne a las leyes, sino al dominio interno y al respeto humano. Cualquier acto consciente que dañe al prójimo es amoral.
La corrupción implica el actuar ilegalmente en el uso de recursos del Estado y el manejo de influencias con fines de beneficio personal, no sólo dar mordidas. Me cuestiono constantemente quién es más detestable: si el corrupto o el que corrompe. El que pretende pagar por romper la ley, viola el derecho de los demás para su beneficio, actuando con total impunidad.
En Guatemala ha habido épocas recientes en donde la corrupción del Estado ha florecido en forma vergonzosa: los gobiernos dirigidos por Cerezo, Serrano y el desdichado de Portillo y todos sus achichincles.
También es justo reconocer que en el gobierno de Berger la tendencia se detuvo, y considero que la misma se ha revertido considerablemente. La percepción del gobierno corrupto se mantiene en la población por el descrédito que Portillo dio a las instituciones del Estado; sin embargo, el actual gobierno ha implementado medidas concretas para transparentar el gasto público.
Las encuestas internacionales denotan nuestra percepción de un Estado corrupto; de hecho, Guatemala aparece como uno de los peores de Latinoamérica. Aparte de sobredimensionado, esto daña nuestra imagen como nación, y veda de oportunidades de asistencia a los habitantes más pobres.
Quizá debemos reflexionar sobre la necesidad de auditar profundamente a las ONG, PNUD, y otros organismos locales y extranjeros que, fuera del Estado, pero con nuestro pisto y futuro, se sirven con la cuchara grande sin ningún control.
Seguramente nos sorprenderá en dónde está realmente la mano más peluda. ¡No sólo se lucran con nuestra pobreza, sino se limpian la porquería con nuestras instituciones! Claro está, al final, igual culpa tiene el hechor que el consentidor.
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