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Guatemala, jueves 08 de febrero de 2007

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Cultura

VIDA BREVE
Una soledad amable

Por: Irina Darlée

Al sentarse a escribir surge el pasado que vuelve. Me estoy yendo hacia mi niñez, hacia la muchachita mismísima que alguna vez he sido, cuando pensé que mis padres eran Dios y nada malo pudiera sucederme, pues me amaban con mucho fervor.

Luego, la muchacha que alguna vez fui reencarnó en mujer, que amaban también pero cada cual a su manera, llamémosle amor.

Retrato en alguno de mis escritos mis viajes al país del pasado. La vida fue un largo viaje en busca de un personaje redentor, para amar y ser amada.

El mapa de este mundo no está nunca completamente trazado y hay episodios en los que caminamos a pie, con la soga al cuello o con el corazón de puños cerrados por un desierto de calor y arena.

Condenada a una soledad inmerecida, por apostar mi existencia completa a una sola carta en un momento decisivo, quedé en la absoluta soledad.

Tuve el deseo de mantenerme lejos, lejos de todo y levantar una muralla alrededor para que nadie entrara en mi vida.

Al provocarse esta situación es posible que al fin se produce una melodía de silencio. Se sabe que toda la infelicidad del ser humano brota de una sola cosa “de ser incapaz de quedarse tranquilamente en su habitación”, como lo recomienda un antiguo aforismo y es posible que se reconozca más de un lector o lectora de mi columna en esta atmósfera de resignación en su propia vida.

Seguí escribiendo. El destino, después de todo, no es un acto de nuestra voluntad sino algo que sucede a pesar de uno, que sólo sabe que nuca sabemos nada de nadie.

Con el tiempo fue creciendo en mi interior, tras muchos años, una soledad amable. Pensaba que algún día llegaría a escribir bien y que algunos de ustedes ya lo habrán leído.

Debe existir un paralelismo con ciertas personas reales, que se ven arrastradas a catástrofes personales, y cuya vida sentimental termina de manera abrupta justo en el momento crucial que sirve para escribir la historia.

Yo no fui la primera en pensar esto. Los textos nunca se sabe de dónde vienen, que uno se siente forzado a escribir. Cada novela es el resultado de las propias obsesiones del autor y, a veces, se retorna a la “habitación cerrada”, al contar una historia.

Mi autobiografía fue un libro especial para mí, algo a lo que me siento muy unida, es el pasado que vuelve, mi viaje interior a la soledad. Las notas de aquella “silenciosa melodía”, a la que se regresa en la vida después de querer morir.

Veinte años después me encontré con el mismo hombre, siendo ya muy mayor; me tropecé con él accidentalmente, y lamentablemente él enfrenta una tragedia terrible: la vejez, que en vano trata de controlar.

Han transcurrido muchos años y allí esta diciendo “casémonos”.

No quiero embarcarme en esta aventura, estoy totalmente segura que esto no funcionaría.

Pienso dedicarme a la literatura. Me quedo en mi cuarto “cerrado” escribiendo, ya que no quiero causar daño a nadie.

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