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A CONTRALUZ Nuevos actores políticos
Lo fundamental es fortalecer la organización social para que los pueblos indígenas tengan poder de decisión en las situaciones que les afectan.
Por:
Haroldo Shetemul
LA DECISIÓN DE Rigoberta Menchú de lanzarse de lleno al ruedo político se ha convertido en la principal novedad de la escena electoral del país. A sus credenciales de Premio Nobel de la Paz de 1992 le agrega el hecho de ser mujer e indígena, lo cual le puede dar un vuelco importante a la historia nacional por los componentes de género y de etnia. No dudo en afirmar que con la precandidatura presidencial de Rigoberta y la salida a luz del movimiento Winaq, Guatemala ha accedido a la modernidad política. Es la segunda vez que una agrupación trata de representar los intereses y necesidades de la población mayoritaria, desde una perspectiva multicultural y no necesariamente de clase. Si lo va a lograr, será cuestión de cómo se desenvuelva.
¿POR QUÉ PLANTEO el ingreso del país en la modernidad política? El conflicto armado tuvo como una de sus causas la exclusión político-ideológica de importantes sectores. Pero, hasta la fecha, esa marginación se refería principalmente a los grupos marxistas-leninistas que fueron perseguidos y diezmados. Si bien eso fue cierto, sólo era una parte de la realidad, ya que la izquierda no fue la única vedada de una participación política legal. Además, luego de los acuerdos de paz, la izquierda se ha diluido y por lo menos ahora no representa una alternativa real de poder. En cambio, las mayorías indígenas han sido las que han estado ausentes de las principales decisiones del país, porque el Estado fue erigido a partir de una estructura criolla y racista. Incluso los marxistas vieron a los indios como elemento cuantitativo para ganar el conflicto armado, o sea, como carne de cañón.
EN LA DÉCADA DE 1970 existió el primer antecedente de un partido indígena con el Frente de Integración Nacional (FIN), el cual fue atacado por sectores conservadores que lo tildaron de racista. Según Demetrio Cojtí, el FIN no prosperó porque se alió indirectamente con el Ejército y carecía de una “ideología indígena” que cuestionara las estructuras sociales del país. Faltaba aún definir las reivindicaciones mayas y sobre todo la reconstrucción del tejido étnico-cultural fragmentado por los siglos de opresión y represión sufridos por los pueblos originarios. Poco a poco fue cobrando cuerpo la mayanidad y la reivindicación de otros pueblos, por medio de sus dirigentes e intelectuales que comenzaron a librar una lucha ideológica en el mismo escenario ladino.
A CIENCIA CIERTA, no sé si Winaq sea el camino político correcto. Faltará conocer aún más cuál es su plataforma político-ideológica y su programa de gobierno. Pero lo que sí es cierto es que se convierte en el embrión del futuro partido político que puede llegar a representar a una amplia mayoría de la población. Sólo el tiempo dirá si aprovechan esta oportunidad histórica o se diluyen como otros proyectos políticos. Winaq tendrá que demostrar si tiene una concepción amplia del mundo para incorporar no sólo a indígenas, sino también a ladinos. Lo peor que le podría suceder es que reprodujera la intolerancia y el racismo que afectan a otros contingentes políticos tradicionales, tanto de derecha como de izquierda.
¿QUÉ FUTURO PUEDEN tener Rigoberta y Winaq para las próximas elecciones? Considero que pueden modificar la escena electoral, ya que surgen en un momento clave de las negociaciones con su propia plataforma programática. Aun cuando no alcanzaran la primera magistratura, es importante su participación en estos comicios para ganar experiencia y llevar una mayor presencia indígena en el Congreso y en las alcaldías. Siempre he dicho que no basta con que los indígenas alcancen la Presidencia de la República, ya que eso es en lo único que piensan los partidos electoreros. Lo fundamental es fortalecer la organización social, con sentido estratégico, para que los pueblos marginados tengan poder de decisión en las situaciones que les afectan directamente.
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