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Guatemala, viernes 23 de febrero de 2007

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Opinión

VENTANA
Sin límites

“Pablo, de 7 años, no mira con los ojos, pero ve con las manos y con el corazón”, cantó el Clarinero.
Por: Rita María Roesch

La mañana del viernes pasado visité el aula donde Lourdes, Israel, Blanquita y Pablo cursan el primer grado de primaria en la escuela para niños y niñas ciegos Santa Lucía. Los escritorios estaban colocados en círculo para facilitar la clase de lectoescritura en braille que en ese momento la señorita Norma (su maestra) les estaba impartiendo.

Cuando Blanquita sintió que yo me encontraba cerca de ella, me dijo con voz clara y una gran sonrisa: “Cuando yo sea grande, quiero ser licenciada”. Lourdes no se quedó atrás y agregó: “Yo quiero ser doctora”. “Y yo también quiero ser doctor”, secundó Israel.

Pablo subió la voz y con determinación dijo que quería ser bombero. Parecía que estos niños son un mundo de posibilidades, pero para que puedan lograr sus sueños necesitan la guía adecuada y el amor que les brinden sus padres y maestros.

El hecho de que Israel, Lourdes y Pablo sean ciegos totales y Blanquita padezca de baja visión no significa que su futuro esté truncado. No. Estos niños pueden llegar a ser excelentes profesionales. Tienen la suerte de asistir a esta escuela, que forma parte de los 37 programas de atención integral que impulsa el Benemérito Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala, fundado por doña Elisa Molina de Stahl.

Lourdes, Israel, Blanquita y Pablo podrán desarrollar sus talentos para desempeñar con eficiencia trabajos competitivos en diversos campos, como Psicología, Comunicación Social, Hotelería, Docencia, Computación. (“¡Ojalá tuviera la misma oportunidad la niñez invidente que vive en el interior de la República!”, exclamó el Clarinero.)

Israel, Lourdes, Blanquita y Pablo reciben clases de música y de matemáticas en ábaco; ciencias naturales, lenguaje y estudios sociales, a través del sistema braille. Llevan clases complementarias como orientación y movilidad, que les ayuda a caminar con mayor independencia, computación y actividades de la vida diaria. Los padres pagan una cuota módica de acuerdo con su capacidad económica, y reciben una guía de cómo ayudar a sus hijos.

Por ejemplo, desde cómo enseñarles a enhebrar una aguja hasta reforzarles las clases escolares. Los niños asistirán a esta escuela hasta el cuarto grado de primaria, y cuando les toque pasar a quinto grado serán incorporados a una escuela regular.

Durante mi recorrido en la escuela aprendí cómo los sentidos del olfato, el tacto y el oído se convierten en los ojos del invidente. Los niños ciegos perciben hasta cómo rebota el sonido en las paredes. Acercarnos a ellos para conocer su mundo es una riqueza. Nos sensibiliza. Hellen Keller manifestaba: “No hay peor ceguera que la insensibilidad humana”.

Los canales de información visual, auditiva, táctil y cinética son los que se encargan de captar la información del entorno que nos rodea, para luego codificarla y almacenarla. Estos canales forman parte de los procesos de aprendizaje en el ser humano. Los niños con discapacidad visual no tienen ese canal de información completo.

Esa limitación sensorial afecta el aprendizaje motor del invidente. En la medida en que se le ofrezca al niño ciego mayor número de experiencias motrices a través de la recreación y el ejercicio físico, el niño tendrá más posibilidades de conocer el mundo que le rodea y su autoestima aumentará.

“No se imagina la felicidad de los niños”, me dijo Thelma de Urízar, directora de la escuela Santa Lucía, “cuando Texaco Guatemala Inc. trajo un equipo para empezar a habilitar el gimnasio de la escuela. Los niños gozan caminando en la faja o pedaleando en las dos bicicletas estacionarias. Pero también necesitamos triciclos y equipo especializado, como bicicletas dobles, pelotas de futbol con sonido y pelotas de goal-ball que llevan chinchines adentro. El goal-ball es un deporte para los invidentes que exige que el público permanezca en silencio”.

“Cualquier niño ciego tiene la posibilidad de competir deportivamente”, agregó Thelma, “sólo necesita guía. Hemos tenido destacados deportistas que han egresado de esta escuela, como César Augusto López, quien obtuvo el sexto lugar en los Juegos Paralímpicos de Atenas, Grecia, en 2004”.

¿Qué esperamos para ayudar? Llame al 2382-1821 y 22 . ¡Y no deje de comprar su cachito de la Lotería Santa Lucía!

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