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COLABORACIONES En busca de la Presidencia
Rigoberta Menchú llegó a un acuerdo con el partido Encuentro por Guatemala, y es ya precandidata presidencial. ¿Qué representa la postulación de una mujer indígena a la Presidencia?
Hacia la palestra política
No cabe duda de que este acontecimiento marca un hito histórico en la vida política del pueblo maya.
Por: Juana Batzibal Tujal *
Hablar de la candidatura de Rigoberta Menchú a la Presidencia de la República significa recordar las condiciones históricas que hemos vivido los pueblos indígenas de América y, en especial, el pueblo maya en Guatemala. Con la invasión europea se interrumpió nuestra forma de vida, nuestra forma de ver el mundo, fundamentado en los principios de armonía; equilibrio entre la humanidad-naturaleza-cosmos; equilibrio entre la política-espiritualidad-ciencia; respeto hacia la naturaleza y hacia la humanidad.
Una visión donde el concepto de la complementariedad y la dualidad eran las rectoras del desarrollo sociopolítico y económico de la sociedad.
A partir de ahí surge el fenómeno del racismo contra nuestro pueblo. Un racismo que se manifiesta hoy día desde la estructura del Estado, a través de sus instrumentos legales y políticas, como también en la vida cotidiana: mercados, oficinas públicas, iglesias, centros de Salud, escuelas, juzgados, entre otros.
No obstante haberse firmado convenios, acuerdos, declaraciones, nacionales e internacionales, para erradicar este flagelo, aún prevalecen las actitudes racistas de muchos connacionales. Expresiones de este tipo se pueden leer en los diferentes artículos de columnistas, analistas y políticos, de cara a la candidatura presidencial de la doctora Rigoberta Menchú.
No cabe duda de que este acontecimiento marca un hito histórico en la vida política del pueblo maya. La figura de Rigoberta, mujer maya, pone nuevamente en la opinión pública el tema del RACISMO. Un tema que no ha sido abordado con seriedad por los gobiernos de turno, ya que persiste el interés de mantener un Estado excluyente.
La decisión de Rigoberta, respaldada por el Movimiento Winaq y Encuentro por Guatemala, se enmarca también dentro de los acontecimientos y cambios que se están dando a nivel latinoamericano. Debieron pasar cinco siglos para que un hermano indígena asumiera la Presidencia en la República de Bolivia. Debieron pasar 500 años para que una hermana maya lance su candidatura para el cargo más alto en nuestro país.
Ante este acontecimiento histórico, hay mayas que compartirán con alegría la decisión; igualmente hay quienes pensarán que aún no es el tiempo de participar en estos procesos. Seguramente hay quienes están a la expectativa y esperan el plan de trabajo de Rigoberta y su equipo.
Personalmente no dudo de la capacidad que ella tiene. Sólo deseo que la sabiduría de las abuelas y abuelos sea el rector del accionar de mi amiga y hermana Rigoberta. Finalmente, que el PIXAB’ de las ancianas y ancianos del pueblo maya haga eco en la mente y corazón de la premio Nobel de la Paz, para que sus aspiraciones se conviertan en realidad para una Guatemala más justa.
* Maya kaqchikel
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Gran avance para la paz
La candidatura de Rigoberta Menchú tiene gran valor, al vincular en una figura presidenciable la inclusión étnica y de género.
Por: Claudia López *
La precandidatura presidencial de la premio Nobel de la Paz -Rigoberta Menchú- para el próximo proceso electoral puede ser analizada desde múltiples variables. En esta columna analizaré dos de ellas: el significado de su candidatura en el contexto de la democratización y los retos que tiene la alianza EG/Winaq de cara a la campaña.
La democracia en Guatemala es aún joven y en construcción. No podemos decir que vivimos en una democracia plena. La institucionalidad política y electoral sin duda juega un papel fundamental en esta construcción, al establecer dentro de sus normas la participación de todos y todas, en igualdad de condiciones.
Sin embargo, este reconocimiento formal no es del todo real en el ejercicio político cotidiano. Por ello, para analizar la democracia (y sus instituciones), además de hacer un análisis institucional, debemos tomar en cuenta el plano subjetivo y simbólico que construye ciudadanía y cultura política.
Teniendo en cuenta lo anterior, la candidatura de Rigoberta Menchú es importante como un símbolo, cuyo significado tiene gran valor al vincular en una figura presidenciable la paz, la inclusión étnica y de género. Este símbolo repercute no sólo a nivel formal, sino en la cultura política de los y las guatemaltecas. Además es saludable, por supuesto, que enfrentemos la multiculturalidad de la que han hablado los acuerdos de paz en un hecho concreto.
La participación de Rigoberta Menchú, y su alianza con Nineth Montenegro, es en ese sentido un gran avance para la paz y la democracia, no sólo en el plano institucional, sino además en el cultural.
Ser un símbolo, sin embargo, encierra una enorme responsabilidad. Debemos recordar que las campañas políticas se inscriben dentro de ciertas “reglas del juego”, que cada día están más marcadas por el “mercado” electoral.
La inercia del proselitismo puede llevar a generar propaganda vacía y a caer en los mismos vicios de todas las campañas, en donde los candidatos buscan el poder por el poder, sin reparar que Guatemala necesita líderes para gobernar un país complejo, que además está sumido en la miseria.
Por ello, se espera que la articulación entre Winaq y Encuentro por Guatemala traiga la posibilidad de crear una plataforma concreta, que ofrezca a los y las guatemaltecas un programa de gobierno claro, realista y esperanzador.
A sabiendas de esta realidad, el reto para las dos líderes y sus equipos es lograr que la candidatura no sea solamente un símbolo con una buena campaña, sino una verdadera opción política, porque su significado lo exige.
* Politóloga
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