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LA BUENA NOTICIA Camino cuaresmal
Las pruebas a las que Jesús se sometió tienen que ver con dimensiones clave en las que se logra o se arruina la existencia humana.
Por:
Mario Alberto Molina
La Cuaresma ya comenzó el Miércoles de Ceniza. Es un período intenso en sentimientos y manifestaciones religiosas, que tienen por tema la pasión y muerte de Jesús, en las que se expresa el amor de Dios por la humanidad y la llamada a la conversión, a una vida recta. Este tiempo culmina con la celebración de la resurrección de Jesús.
En el día de hoy, primer domingo de la Cuaresma, año tras año, la Iglesia propone para nuestra meditación la lectura de las tentaciones o pruebas a las que Jesús se vio sometido. Las pruebas las pone el espíritu del mal, Satanás, pero quien conduce a Jesús a esas pruebas es el Espíritu de Dios.
Se trata, por lo tanto, de experiencias que tienen que ver con la misión de Jesús y su propuesta de salvación para todos. Jesús sale vencedor de la prueba, y al hacerlo nos revela una serie de criterios de vida en la que se manifiestan las auténticas actitudes de un hijo de Dios.
Satanás reta a Jesús en su identidad medular. “Si eres el Hijo de Dios”, le dice, “utiliza ese poder para convertir estas piedras en alimento y calmar tu hambre tras el ayuno”. Es la tentación de creer que sólo la satisfacción de las necesidades materiales es el objetivo de la vida. Jesús responde que no sólo de pan vive el hombre.
Es decir, las personas no nos podemos quedar encerradas en la tarea de resolver las necesidades inmediatas, pues tenemos otras aspiraciones que sólo Dios puede satisfacer: la búsqueda de sentido y propósito de vida, de la verdad y del bien.
La otra tentación es la del poder. Satanás le promete a Jesús autoridad sobre los reinos del mundo, si se le somete, es decir, si se aleja de la ética, de la justicia, del Derecho. Jesús declara que sólo a Dios hay que servir y adorar.
Es decir, que el poder humano, sea político, económico o tecnológico, debe dar cuentas a Dios, está sometido al juicio ético de Dios. La persona se realiza en el reconocimiento de su responsabilidad moral ante Dios.
La última tentación tiene que ver con la instrumentalización de Dios y de la religión. Satanás le propone a Jesús que demuestre que Dios está de su parte, poniéndose en peligro, para que Dios lo salve.
Jesús responde que no hay que poner a Dios a prueba. La relación con Dios no consiste en disponer de su poder a nuestro antojo, sino entregarnos a él en actitud de confianza y de fe.
Las pruebas a las que Jesús se sometió tienen que ver con dimensiones clave en las que se logra o se arruina la existencia humana. La victoria de Jesús es una revelación del camino de la realización humana ante Dios y con Dios. Ese es también el camino cuaresmal.
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