|
HORIZONTES Si éstas son las vísperas
Como siempre, hasta ahora, nadie será responsable de los daños civiles causados.
Por:
Francisco Beltranena.
Hace apenas dos semanas nos es- tábamos muriendo de calor. Hoy, sin tener el invierno a todo vapor, la ciudad parece un caos. La tormenta acompañada de rayos que comenzó a caer ayer recién pasado el mediodía ha puesto al desnudo nuestras debilidades, nuestra desorganización, la ausencia de control, la total indolencia de las autoridades y el desmadre en el que se ha convertido Guatemala, desde la capital hasta allende sus confines.
Ya los medios de comunicación escrita nos mostraron ayer las crecidas de los ríos, especialmente la del río Salamá, a la altura de la ciudad de Retalhuleu, crecida que afortunadamente no ha causado daños mayores, pero que desde hace mucho tiempo se es-
pecula (por no decir que los técnicos lo han dicho) que podría, en un futuro no lejano, dirigirse hacia la Calzada de las Palmas y meterse en pleno centro de la capital del mundo.
Por otro lado, si usted no vive en los alrededores de la carretera a El Salvador, tal vez no tiene una idea de lo vital y crítica que se ha convertido. El volumen de tránsito que por allí circula es cada día más grande, debido no sólo al desarrollo del área, sino a que el tránsito propio de la carretera hacia Barberena, Cuilapa y Jutiapa, se ha sumado a los que esquivan los efectos del Transmetro en la calzada Aguilar Batres.
Una carretera de características vitales merece atención vital, sobre todo si la misma fue desarrollada en su parte inicial en suelos no muy estables susceptibles a las veleidades del agua, que llovida en sus montañas ya no es absorbida por la tierra, debido a las construcciones en sus alrededores y a que se desploma a la velocidad que la gravedad le permite, formando ríos abajo.
Ayer, un tramo de la misma fue socavado por las aguas. Dicen algunos que un constructor que preparaba el terreno para una nueva construcción fue el desencadenante de la destrucción de una importante sección de la carretera. Hoy, un carril hacia abajo y uno hacia arriba originan tremendos retrasos en el tránsito, con la consiguiente pérdida económica que ello significa.
La emergencia generada por apenas las primeras lluvias también produjo daños en el puente Bailey que está en la entrada a San Miguel Petapa, el cual está en uso debido a los daños en la estructura del puente formal que fuera dañado con anterioridad, y que no ha sido terminado, de acuerdo con los informes de prensa, por falta de recursos económicos.
Como siempre, hasta ahora, nadie será responsable de los daños civiles causados. Nadie aceptará responsabilidad alguna, y las municipalidades involucradas le echarán el muerto al Ejecutivo, éste a la naturaleza, y todos ustedes: bien jodidos. ¿Cuándo terminará nuestro calvario? Si éstas son las vísperas al principio del invierno, ¿cómo será lo que falta? ¡Hasta la próxima!
|