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Guatemala, viernes 02 de marzo de 2007

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Cultura

Revelacionaes: El infierno de Ramírez Amaya
Devela nuestra infame mitología: los demonios que nos gobiernan
Por: Margarita Pacay

Conocí a Arnoldo Ramírez Amaya en la USAC por los años 70, cuando él ilustraba la revista “Alero” y yo era jefe de Publicidad y Relaciones Públicas.

Desde entonces sus dibujos empezaron a reflejar la cruel historia de Guatemala, gobernada por dictadores militares que tenían a su cargo no sólo arrasar aldeas y pueblos indígenas (genocidio), sino realizar torturas (aprendidas en la Escuela de las Américas, establecida primero en Panamá en 1946 y luego en Georgia), desaparecer gente y dirigir los Escuadrones de la Muerte.

Su libro “Sobre la libertad, el dictador y sus perros fieles” viene a ser no sólo un inusitado y genial libro de arte, sino documento satánico de los gobernantes que, por lo que vemos en los crímenes cometidos a diario, aún siguen en el poder.

Libro insumiso que penetra en la mentalidad del varón latinoamericano militarizado, mismo que no se detiene a la hora de torturar y asesinar a quien le parece sospechoso de marero y mafioso, bajo las órdenes de altísimos mandatarios internacionales y nacionales, dignos esperpentos de la especie humana.

Sus dibujos empezaron a salir mucho antes de 1976, cuando Siglo XXI publicó su libro. Un descenso a los profundos Círculos infernales. Ahí aparecen todos, con quepis o vaginas, saliendo del antro dantesco, en dedos catastróficos o figuras cuyos rostros y cuerpos van mucho más allá del simple esperpento.

“Este libro -dice Ramírez Amaya- va a trascender y a marcar un vuelco en la plástica, de igual forma que Juan Rulfo marcó en su tiempo la literatura hispana”. Ramírez tiene plena conciencia del valor de su obra, la cual rebasa los límites patrios y se convierte en un documento de los “dictadores y sus perros fieles” del ámbito latinoamericano.

Un recordatorio de que estos demonios aún nos siguen habitando y gobernando. Prueba irrefutable: los asesinatos de tres diputados salvadoreños del Parlacen y su piloto; y, luego, la entrada triunfal al El boquerón (“¡Ya viene el Cortejo, ya viene el Cortejo...”) de despiadados y poderosos asesinos y traficantes incrustados en las altas esferas de El Salvador y Guatemala.

Es oportuno recordar que el diputado Eduardo D'aubuisson era hijo de Roberto D'aubuisson, ex presidente de El Salvador, a quien se le culpa del asesinato de monseñor Romero, de cuatro jesuitas, de cuatro monjas violadas y asesinadas, entre los muchos crímenes y torturas que se le adjudican. ¿Son éstos los personajes que Ramírez Amaya dibuja? ¿Cuánta ira sembrada en El Salvador y Guatemala? Ramírez Amaya devela nuestra infame mitología: los demonios que nos gobiernan.

¿También los demonios internos que cada uno de nosotros encierra dentro de los ámbitos del terror y la barbarie? Porque Ramírez tiene la audacia de autorretratarse en el “Poema de Humor” basado en el Canto Nacional a Nicaragua, donde él hace de Músico. De manera que tampoco consigo mismo hace concesiones.

Demoledora, su grotesca Estatua de la Libertad, una puta gorda y enana que enseña el sexo. Sólo quien ha descendido a los antros del horror es capaz de penetrar de manera tan implacable en el alma humana.

“Retrato de familia” se llama un cuadro irreverente y magistral que le compré hace ya más de 20 años. Una joya que me vendió en la antigua Alianza Francesa de la zona 1.

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