|
DE MIS NOTAS Serenidad y soluciones de fondo
Aprovechemos las crisis para buscar soluciones de fondo, no para aumentar los problemas.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Uno de los peores sucesos criminales que han ocurrido en nuestro país durante las últimas décadas es el asesinato de los tres diputados salvadoreños al Parlamento Centroamericano, y del chofer que conducía el vehículo en el que se transportaban.
Ese crimen inaudito adquirió nuevas proporciones cuando, tres días después, fueron capturados cuatro investigadores de la Policía Nacional Civil, acusados de haber cometido el asesinato. El asombro que causó esa captura se convirtió en estupor cuando, cuatro días después, los cuatro capturados fueron asesinados, en la cárcel de Santa Rosa. Repentinamente, nuestro país fue el escenario de un infortunado escándalo que atrajo la atención del resto del mundo.
Hay preocupación, desesperación, agitación y angustia, y parece que nuestra patria fuera como una nueva caja de Pandora, en la que, después de surgir de ella todos los males posibles, nos queda la esperanza.
Sin embargo, creo que debemos conservar la serenidad, para evitar que el mal que desgraciadamente ya ha ocurrido, sea un mal mayor. Digo esto porque, por ejemplo, los diputados, se han apresurado a emitir un punto resolutivo en el que le exigen al presidente Óscar Berger que destituya al ministro de Gobernación, Carlos Vielmann. Nada garantiza, sin embargo, que un nuevo ministro será mejor.
Además, el problema no consiste en quién sea o no sea ese ministro, sino en que el régimen legal de nuestro país impide que cualquier ciudadano que sea ministro de Gobernación pueda mejorar los servicios de seguridad pública. Ese régimen legal limita, por ejemplo, algo tan elemental como destituir a los agentes corruptos de la Policía Nacional Civil. El Estado, como está funcionando en la actualidad, simplemente no está diseñado para dar seguridad pública.
La semana pasada tuve en mi programa Esteoeste como invitados a dos miembros del Consejo Asesor de Seguridad y a la directora de elPeriódico. Todos coincidimos en que el sistema de seguridad, visto como un todo, está colapsado.
Es como un “banco de tres patas”, compuesto por el Organismo Judicial, el Ministerio Público y la Policía Nacional Civil. Si una de las tres patas falla, el banco colapsa. Debemos de aprovechar esta crisis para “reformar” el sistema, de manera que el policía capture, el fiscal investigue y el juez condene. Sin esta reforma de fondo, de nada sirve poner o quitar ministros, jefes policiales o fiscales.
Los diputados han decidido interpelar al ministro Vielmann. ¿Qué esperan de la interpelación? Si esperan demostrarles a los ciudadanos que están muy preocupados por los ocho asesinatos, se equivocan.
Hasta el ciudadano más común sospecha que el motivo de ese acto legislativo es la notoriedad política, más aún en una época electoral, y no contribuye a detener o revertir el descrédito que ha sufrido el Congreso de la República, sino que hasta puede aumentarlo. Si esperan que el ministro Vielmann sea destituido, no por ello habría garantía de que, como hemos dicho, un nuevo ministro sería mejor.
En estos momentos críticos, se esperaría que los diputados no intenten aprovecharse políticamente de una salvaje y trágica oleada criminal, sino que se preocupen por resolver, junto con el Ministerio de Gobernación, las limitaciones legales que hacen posible que en la Policía Nacional Civil pueda haber asesinos, o que alguien pueda ingresar en un presidio y asesinar a reos. Esta preocupación contribuiría a la seguridad pública más que cualquier exigencia de renuncia o que cualquier interpelación.
Pero lo más importante: es el momento para unirnos en la búsqueda de soluciones de fondo y no para aumentar la crisis.
|