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Guatemala, martes 06 de marzo de 2007

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Opinión

RERUM NOVARUM
No matarás

Es mucha verdad que estamos hoy asistiendo a un incremento de la violencia y que el número de muertes violentas es hoy más alto.
Por: Gonzalo de Villa

La Doctrina Social de la Iglesia encuentra sus raíces en la historia de la salvación que arranca desde la llamada de Dios a Abraham. En los orígenes del pueblo de Israel, la iniciativa de Dios se plasma en la Alianza con su pueblo y alcanza su formulación en el Decálogo.

A partir de esos 10 mandamientos, queda claro, para el judaísmo primero y para el cristianismo después, que a Dios le importa la conducta humana y que el respeto a los mandamientos es una condición de la fe en Dios.

La formulación de cada uno de los mandamientos ha dado lugar a interpretaciones y aun a diversidad de formulaciones.

Aun cuando sea claro el sentido de cada uno de los mandamientos, lo cierto es que en la mayoría encontramos diferentes modos de formularlo. Hay un mandamiento, sin embargo, el quinto de ellos, cuya formulación en dos únicas palabras ha mantenido su prístina claridad siempre: no matarás.

Si abrimos los ojos a nuestra sociedad, descubrimos entre los primeros rasgos que la conforman el que somos una sociedad violenta y en que la impunidad es reina y señora.

Hay una anécdota que narra el arzobispo Cortés y Larraz sobre un suceso en 1770 a la puerta del convento de La Merced, donde un hombre yacía herido en medio de una multitud.

Cuando se quiso intervenir para ayudar y socorrer se encontró con que entre los muchos espectadores, “todos quedaron con mucha serenidad sin moverse a diligencia alguna”.

Y, reflexionando después sobre el hecho, afirma nuestro buen arzobispo: “No lo han herido éstos, es verdad, pero habituados a ver heridos con tanta frecuencia, no les hace éste novedad alguna”.

La anécdota me resulta estremecedora, porque nos revela que, más allá de las muchísimas coyunturas en que nos pueden sacudir momentáneamente hechos de violencia, la violencia que mata ha sido parte de nuestra historia, generación tras generación, siglo tras siglo.

Es mucha verdad que estamos hoy asistiendo a un incremento de la violencia y que el número de muertes violentas es hoy más alto. Encontramos quejas veraces contra el Estado y su impotencia para enfrentar la crisis de violencia hoy.

Nos preguntamos sobre qué instituciones públicas más debieran hacer para cambiar las cosas.

Hay cambios que hacer en la policía y cambios en el Ministerio Público, en los órganos de seguridad del Estado y en el sistema penitenciario, en la administración de justicia y en la adecuación de las leyes a la realidad del país.

Fallas graves del Estado en una de sus funciones primarias, como es la de brindar seguridad y proteger la vida, están en la base de los siempre recientes escándalos en torno a hechos de violencia que nos sacuden y que colocan al país al borde de la quiebra moral.

La penetración del narcotráfico en nuestra sociedad es creciente y su poderío económico, su capacidad de corromper, de vencer, de dominar, de comprar voluntades, con dinero o con miedo, hacen de éste el motor más importante de crecimiento del crimen en Guatemala.

No debemos entonces cansarnos de recordar a todos el mandato divino de “No matarás”, y no debemos cansarnos de demandar del Estado que enfrente sus responsabilidades al respecto.

Pero vencer la falta de cooperación ante el crimen como rasgo cultural que nos domina se vuelve absolutamente indispensable, si queremos que el mandato divino tenga señorío sobre nosotros, pueblo cristiano de Guatemala.

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