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ECLIPSE Resquicio de oportunidad
Estamos hartos de tanto engaño y simulación.
Por:
Ileana Alamilla
En una situación de crisis no es conveniente difundir el pesimismo. Poco nos falta a todos y todas para querer saltar de esta nave colectiva en la que estamos embarcados, a la que todos decimos que queremos, que es nuestra madre tierra, nuestra patria y nuestro hogar, pero que, en la mayoría de comentarios cotidianos, lo que escuchamos son frases duras y críticas hacia “este país”, del que se reniega y se le considera casi destruido. ¿Es esta la herencia que legaremos a nuestros hijos?
Hemos vivido ya 20 años teniendo votaciones sin fraude, que al mismo tiempo han sido dos décadas de frustraciones colectivas y de oportunidades perdidas. Gobiernos con muchos funcionarios incapaces, corruptos, ladrones, sinvergüenzas, cínicos, ejércitos de parásitos en los organismos del Estado.
El acceso al “poder” se ha constituido en un premio a la mediocridad y al oportunismo, al aprovechamiento personal, al saqueo del Estado. Hemos tenido en estos años a presuntos y confesos asesinos convertidos en gobernantes, así como a testaferros del crimen organizado en cargos de responsabilidad de Estado.
Algunos dicen, cínicamente, que la democracia es el derecho a equivocarnos cada vez que elegimos gobernantes, justificando así, en la supuesta mediocridad humana, lo que realmente es una manipulación política.
Otros dirán que la democracia es el derecho a lamentarnos, a protestar, a lanzar condenas.
Como que fuera simplemente el derecho al pataleo, para que la catarsis colectiva supla a las expectativas populares, reiteradamente insatisfechas.
Estamos cansados, más bien hartos, de tanto engaño y simulación. De ser utilizados y manipulados, de sentirnos burlados y humillados por quienes nos representan, aunque no los hayamos verdaderamente elegido, porque simplemente votamos sin realmente decidir.
Y ahora que el Tribunal Supremo Electoral ha dado su extemporáneo banderazo de salida a la nueva contienda electoral, nos viene como avalancha desesperante el caudal de publicidad, de mensajes superficiales que poco o nada tienen que ver con el contenido que debería caracterizar la propaganda política de índole ideológica y programática.
Está instalado el escenario. Los aspirantes a tres mil 720 cargos públicos en la contienda han hecho sus inversiones para la compra de sus respectivos lugares en las casillas de votación, mientras que la ciudadanía, transformada en caras de votos, aguardará impaciente a que transcurran los cuatro meses y que se llegue el ansiado 9 de septiembre para terminar con esta comedia llamada “proceso electoral”.
Mientras eso sucede en Guatemala, lejos, muy lejos, el mismo día de la “convocatoria”, en la sede del Parlamento Europeo, en Bruselas, se celebró la conferencia internacional “A diez años de los acuerdos de paz en Guatemala: balance y perspectivas de la cooperación internacional”, que evaluó la millonaria aportación de la cooperación europea al proceso de paz. El panorama que se planteó fue desalentador; entre algunos cooperantes hay una sensación de fracaso cuando analizan la desproporcionalidad entre los magros resultados obtenidos y la magnitud de los recursos invertidos.
Pero entre la decepción de la comunidad internacional, la frustración de la población guatemalteca y el inicio de la carrera electoral, puede haber un resquicio importante de oportunidad, para dar contenido a diversos planes de gobierno que fueran las opciones que los partidos y sus candidatos plantearan para atraer el voto ciudadano. La ausencia de propuestas encuentra en los acuerdos de paz una rica variedad de contenidos para transformar en políticas, planes y proyectos.
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