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Denuncian a 32 maestros, por abusos sexuales
Niños sufren vejámenes en escuelas
Por:
Lorena Seijo, Coralia Orantes
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| Los maestros aprovechan su condición de autoridad dentro del salón de clases, para abusar de los estudiantes con quienes tienen más confianza. Dramatización/Erlie Castillo. |
Algunos maestros se aprovechan de su autoridad ante los menores, para abusar de ellos con total impunidad, tanto psicológica como sexualmente.
Ejemplo de esto son las 32 denuncias que la Procuraduría de los Derechos Humanos y el Ministerio Público han recibido, en conjunto, en 2006 y en lo que va de 2007, sin que, por ahora, haya condenas por esos vejámenes.
Cuando los padres envían a sus hijos a la escuela creen que los dejan en buenas manos. Esta confianza que popularmente se les otorga a los maestros y la falta de controles por parte del Ministerio de Educación han permitido que algunos de ellos se conviertan en los peores enemigos de los estudiantes, quienes, tras ser amenazados, temen denunciarlos.
En una encuesta que efectuó en 2006 Vox Latina para este diario, 31.2 por ciento de los jóvenes y niños entrevistados dijo haber sido víctima de algún tipo de maltrato por sus profesores.
Lo preocupante es que este tipo de vejaciones no suele traducirse después ni en denuncias penales ni en procesos administrativos internos.
Menos denunciado
Un informe efectuado en el 2006, en América Latina, por el Banco Interamericano de Desarrollo, junto con Unicef y Save the Children, determina que “el maltrato infantil menos denunciado es el abuso sexual, y que la mayoría de los países latinoamericanos intenta proteger a los menores de la violencia doméstica, pero no de la cometida en otros ámbitos, como la escuela”.
Sólo en los cuatro primeros meses de este año, la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) ha recibido 15 denuncias por abusos de maestros a educandos. Según la tendencia establecida en años anteriores, la cifra podría duplicarse a final de año.
A la Fiscalía de la Mujer y la Niñez, del Ministerio Público (MP), le corresponde esforzarse para que estos maestros vayan a prisión o, como mínimo, les sea prohibido impartir clases.
El MP investiga tres casos de abusos de maestros a menores. En 2006 recibió 17 denuncias; 28, en 2005; 34, en 2004, y 38, en 2003.
Uno de los procesos que lleva la Fiscalía de la Niñez es el de Silvia*, una niña que fue abusada sexualmente por su maestro, durante dos años.
Tenía 13 cuando el profesor Leonel Estuardo Ayala Casasola la violó. Todo empezó hace casi tres años, en el Instituto Básico Juan Ramón Bracamonte, El Jícaro, El Progreso.
Silvia se recuperaba de una enfermedad que le impedía caminar bien y bajar las escaleras. Ayala se ofrecía todos los días ayudarla para que se desplazara dentro del plantel. Incluso, se ganó la confianza de la madre de la menor y la acompañaba al médico.
“Él la traía al doctor, a la capital, pero siempre lo acompañaba su mujer y sus hijas, así que yo no pensé que pasara nada malo”, contó Gloria, madre de Silvia*.
El 8 de junio de 2004, el profesor decidió prescindir de sus acompañantes y viajó solo con la niña. Cuando estaban llegando a la capital, en la zona 18, se desvió y entró el vehículo en un autohotel. Fue la primera vez que la forzó.
Después de haber cometido el delito, amenazó a la estudiante con que le haría daño si lo contaba, y le aseguró que nadie le iba a creer porque él era su maestro, porque estaba casado y porque era un hombre respetable.
Durante dos años, la menor soportó los abusos de Ayala, sin que su familia se percatara. Sólo algunos empleados del instituto lo sabían, pero también callaban.
Romper el silencio
Silvia decidió romper el silencio, en junio de 2006, después de haber cumplido los 15 años, y contó lo sucedido a otra maestra. Ésta lo puso en conocimiento de Gloria, quien inmediatamente denunció al docente en la Policía y en la dirección del instituto.
“La directora del plantel no quiso ayudarme. De hecho, hasta le dio cartas de recomendación al maestro. Así que tuve que insistir por la vía penal”, refiere Gloria.
Casi un año después de que se iniciara el proceso, Ayala sigue impartiendo clases en un instituto de El Progreso, y su trámite de destitución está estancado en el juzgado laboral.
En la vía penal, la denuncia tampoco tuvo eco al inicio. La jueza de ese departamento, Judith Secaira, archivó el proceso, por falta de pruebas. El MP apeló la resolución y fue reabierta, pero en el Juzgado Octavo de la capital.
Al ser interrogado, Ayala aseguró que la joven mentía y que llevaba una vida sexual activa. Pese a ello, se le concedió una medida sustitutiva que le permite seguir su vida normal, mientras que Silvia* ha intentado suicidarse y tiene que acudir a terapia psiquiátrica. Esta semana, el MP presentará acusación por el caso.
El profesor ha sido relacionado también con el abuso de otra menor, en la aldea El Paso, El Progreso, y con el ataque a dos menores de El Rancho, pero los familiares no se atrevieron a acusarlo.
Deben ser suspendidos
Nidia Aguilar, procuradora del Menor, de la PDH, opina: “Independientemente del camino que lleve el proceso penal, los docentes deben ser apartados de las clases por proceso administrativo”.
Aguilar asegura que la Procuraduría estudia numerosas denuncias, tanto de abuso sexual como de maltrato físico, y que se han logrado algunos despidos.
“El problema es que muchos menores que denuncian reciben como primera reacción el rechazo de las autoridades de los centros educativos, que no creen en su palabra. Incluso, en los colegios privados se recomienda el traslado del menor, y no del maestro”, comenta.
Floridalma Meza, viceministra de Educación, dice: “Cuando sucede este tipo de casos, se necesita que los padres de familia o los directores de los planteles denuncien, algo que no sucede siempre”.
El procedimiento después de la denuncia consiste en pasar el caso a la Asesoría Jurídica del Ministerio, escuchar a las partes y presentar la denuncia en el Juzgado de Trabajo. “El problema es que si los compañeros tapan el problema y la familia no se decide a colaborar, es difícil llegar a una destitución”, añade.
Mientras se investiga, el docente es transferido a otro plantel, pero sigue teniendo contacto directo con los menores. “Lamentablemente, a veces, el traslado es lo máximo que se puede hacer”, comenta Meza.
Aunque la funcionaria afirma desconocer cuántos procesos administrativos han abierto este año, por abusos deshonestos, la media se mantiene en 20 por año.
2006: condena
Violación.
Rolando López Fernández fue condenado a dos años de cárcel y fue suspendido en su trabajo, por haber violado a una alumna de 11 años, en Santa Ana Huista, Huehuetenango, el 12 de abril de 2006.
López impartía inglés en 5o. primaria. Con la excusa de que la niña necesitaba refuerzo en esa materia, la citó en un lugar apartado, fuera de clases. Cuando la menor llegó, alrededor de las 16 horas, abusó de ella. La pequeña abandonó la escuela y afrontó graves problemas psicológicos.
PDH: casos
Resolución.
Algunos casos en que la PDH ha conseguido probar las acciones indebidas son el de abuso sexual al que sometía un docente a estudiantes de primaria, en una escuela de San Marcos; la denuncia de acoso sexual en que estaba involucrado un maestro de un instituto de Quetzaltenango; el abuso al que eran sometidas niñas de primaria, en un establecimiento de Petén, y otro caso similar, en un plantel de Santa Rosa.
Cifras
15 denuncias por abusos de maestros a menores ha recibido la Procuraduría de los Derechos Humanos en lo que va de 2007.
17 casos de abuso de maestros a estudiantes recibió el MP en 2006; 28 en 2005; 34 en 2004, y 38 en 2003. Durante 2007, han sido tres las denuncias.
31.2 por ciento de niños y jóvenes encuestados por Vox Latina afirmó haber sufrido algún tipo de maltrato por parte de sus profesores.
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“Cuando se logra descubrir la acción del maestro, hay que cortarlo de raíz”
Patricia Estrada, psicóloga educativa, explica que varias características revelan cuándo un menor de edad ha sido abusado sexualmente por su maestro.
¿Qué señales presenta un menor que haya sufrido este tipo de abusos?
Presentan un rechazo al centro educativo, al estudio; algunas veces lloran, se quejan de diferentes dolores, dejan de comer, no duermen, se alejan de las actividades deportivas, bajan el rendimiento escolar, les da temor y mucha vergüenza.
¿Cuáles son sus principales obstáculos por vencer?
Que confíe nuevamente en sus docentes, por lo que se debe trabajar para que recobre la confianza de quienes le rodean.
¿Qué características puede presentar un maestro abusador?
En algunos, casos puede presentar mucho afecto hacia el menor, pero en otros, puede usar técnicas represivas o de castigo, incluso decir que el niño acostumbra mentir. Con ello intentará asegurar que, si hablan de él, es por los castigos que le ha impuesto al niño.
¿Que se debe hacer al descubrir se el caso ?
Se debe tratar con mucha discreción, y tanto el niño como la familia deben someterse a terapias, para que éstos puedan integrase nuevamente a su ámbito educativo.
Y, en el caso del docente, ¿cuál debería ser el proceder de la escuela o colegio?
El mal debe de cortarse de raíz, y eso implica despedir al maestro, pero no sólo eso, sino presentar las denuncias respectivas a las instituciones encargadas, para que no quede libre ni pueda irse a otro lugar a dañar a más personas.
¿Por qué suceden estas acciones?
Es una enfermedad que se inicia con un hábito morboso reflejado en la masturbación y la pornografía, que poco a poco va en aumento; pero, en otros casos, ellos también han sido abusados.
RECOMENDACIONES
Cuando hay abuso.
La psicóloga Julia de Recinos recomienda observar:
Conducta del niño de entre 5 y 8 años: agresivo, nervioso, miedoso, retraído, llora con facilidad, habla poco y su mirada es angustiosa. Además, no quiere ir al colegio.
De 13 a 18: se encierra en su cuarto, empieza a beber, busca la manera de evadirse, no quiere estar en casa y siente culpa.
El maestro que abusa se aproxima mucho a los niños, los toca, les habla al oído, los aprieta, los ve de forma morbosa, los controla, les encomienda tareas que los hacen sentir comprometidos y los amenaza.
Si la familia sospecha de abuso, debe acudir al plantel e indagar sobre el rendimiento del niño, si tiene vida social y cómo es su relación con el maestro. Además, llevarlo donde un psicólogo, para que haga un diagnóstico.
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