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PERSPECTIVAS ¿Cogobierno o mediación?
Esperamos que el presidente electo sepa encarar con propiedad y autoridad los asuntos nacionales.
Por:
Renzo Lautaro Rosal
En el último proceso electoral se volvió a recurrir a la “estrategia” de que, con el fin de agenciarse de votos, lograr adhesiones de sectores o grupos específicos y captar financiamiento, los partidos políticos con mayores posibilidades suscribieron compromisos con diversos sectores de interés. Algunos fueron públicos, y otros se manejaron tras bambalinas.
Varios de los sectores que persiguen incidencia en la gestión pública, en aras de operar los acuerdos establecidos, están ejerciendo presión para que el presidente electo, Colom, nombre como parte de su gabinete o en otros cargos de importancia a dirigentes o personas cercanas a dichas organizaciones. Hasta acá, el ejercicio no apunta a ser tan dañino.
Sin embargo, la presión va más allá, ya que la pretensión final parece ser la de cogobernar, es decir, intentar que la interacción se dé en un plano de igualdad para la toma de decisiones. Ello significa intentar “atar” al nuevo funcionariado público a decisiones que quizás no sean las más afortunadas, o bien, que no vayan en la línea de los objetivos políticos previstos.
Tradicionalmente ha resultado común denominador que sectores de poder apoyen a determinados partidos con el fin que continuar, recobrar o fortalecer los espacios de mediación a través el Estado. Los objetivos son más sutiles, pero de mayores repercusiones.
Van más allá de la designación de operadores políticos sectoriales. La pretensión va en la línea de aprovechar los inconmensurables espacios que la gestión pública brinda para defensa de objetivos e iniciativas específicas, para promoción y ampliación de negocios, para el uso de los recursos estatales con fines empresariales, entre otros. Esta línea de alianzas parece ser más riesgosa, al ser comúnmente aceptada y porque sus mecanismos de trabajo se desarrollan sin mayor visibilidad.
En ambos casos estamos hipotecando el país. Las dos “opciones” son altamente perversas. Representan un conjunto de ataduras sin límites. Desde ambas lógicas, el acto electoral pierde importancia, ya que las decisiones se gestan en una especie de elección de segundo nivel, en la cual solo participan y deciden quienes tras el voto encubren intereses que atraen en el corto plazo, pero tienen costos de grandes proporciones en el largo plazo.
Esperamos que el presidente electo sepa encarar con propiedad y autoridad los asuntos nacionales. La contundencia de sus actos y decisiones será el determinante básico. Aspirar a consultar en forma permanente puede limitar la ruta crítica de los siguientes 48 meses. Resulta fundamental definir si estos acuerdos suman o, más bien, restan.
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