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Guatemala, jueves 22 de noviembre de 2007

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Opinión

EDITORIAL
Los presidentes deben serlo de todos

Al haberse autonombrado “presidente de los pobres, quienes me dieron el triunfo”, el ingeniero Álvaro Colom cometió el error más grave desde que ganó las elecciones, porque tal afirmación no corresponde a la realidad, puesto que los votos favorables a su candidatura provinieron de todos los sectores sociales, sin distinción de etnia, situación económica, nivel educativo o lugar de residencia -como lo demuestra que sólo perdió en la capital y Baja Verapaz-.

El presidente de la República representa, según la teoría democrática, la unión del país, lo cual significa que debe hacer a un lado las diferencias entre la comunidad, para rescatar, precisamente, las similitudes que existen aun en los países tan diversos como Guatemala.

Por eso, no cabe una afirmación como la del presidente electo, ni siquiera si se trata de explicarla como el resultado de una reacción emotiva causada por la presencia de numerosos partidarios que lo aplaudan y vitoreen.

Es un error, inexplicable en un político de experiencia, señalar que le debe su triunfo electoral a un determinado grupo social. Ya ha quedado claro que los guatemaltecos no votan en razón de su pertenencia a grupos sociales, religiosos o económicos. El hecho de que una persona se califique a sí misma como pobre no necesariamente significa que vaya a votar por un determinado candidato.

Las declaraciones del ingeniero Colom, en cierta forma, son contradictorias con su decisión de dejar la secretaría general de la Unidad Nacional de la Esperanza, porque a partir de su victoria ya no es un dirigente partidista sino el presidente de todos los guatemaltecos. Pueden, además, ser contraproducentes, porque las personas que no se consideran pobres y que votaron por él podrían sentirse molestas al interpretar lo expresado por el presidente electo como una manera de no tomar en cuenta a las clases medias, cuya importancia en el panorama nacional es indudable.

Quien habla de gobernar para los pobres se acerca peligrosamente al populismo. No es lo mismo hacerlo con la idea de beneficiarlos de manera preferente, lo cual es válido, pues los sectores necesitados precisan de la atención gubernativa y estatal, como ha ocurrido en muchos países.

Pero no se puede olvidar que el mejor beneficio es aquel que se manifiesta a mediano y largo plazos. La mayoría de acciones que en realidad favorecen a los necesitados no tienen resultados inmediatos, pero son mejores y más adecuadas porque aseguran los frutos obtenidos, durante un tiempo más prolongado.

Las exigencias urgentes casi siempre quitan lugar a las medidas necesarias. Y es allí donde surgen las desavenencias y la pérdida de popularidad, cuando la expectativa despertada durante la campaña no es llenada con realidades.

El presidente electo, Colom, está en lo correcto al llamar a la unidad, y debido a ello es que sorprende que, de manera espontánea, trace una línea divisoria entre pobres y ricos. Existe, por supuesto, y hay que reducir la brecha. Pero esto no se logra con declaraciones que solo aumentan el nivel de nerviosismo presente en algunos sectores.

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