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Guatemala, domingo 07 de octubre de 2007

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Nacionales

Madre que empeñó la vida por justicia
El asesinato de su hija truncó su futuro
Por: Lorena Seijo

Foto de portada
Rosa Franco estudiaba Derecho en la Universidad de San Carlos cuando asesinaron a su hija. En ese momento no sabía por qué había elegido esa carrera, pero tras la tragedia puso sus conocimientos en práctica. (Foto PL: Emerson Díaz).

La Rosa Franco que todo el mundo conocía murió el mismo día que vio por la televisión la noticia del asesinato de su hija María Isabel. En ese momento nació una nueva mujer, cuyo único objetivo vital es luchar por la verdad y la justicia.

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Era domingo. Como cada mañana, María Isabel Véliz se levantó temprano para ir a trabajar a una tienda de ropa en la que la habían contratado durante sus vacaciones escolares.

Su madre, Rosa Franco, como todas las mañanas la obligó a desayunar. “Ella no quería engordar, así que tenía que insistirle. Le preparé chococereales”, recuerda.

Mientras comía, María Isabel le contó que estaba preocupada porque un hombre mayor la pretendía. Después se fue a arreglar, le dio un beso y salió corriendo por la puerta de su casa, porque iba retrasada. Era el 16 de diciembre del 2001.

Hoy, seis años después, Rosa se resiste a creer que su hija haya muerto. Por las tardes, cuando empieza a caer el sol, aún se apoya en el marco de la puerta mientras espera que vuelva. Pero nunca lo hará.

Sus conocidos dicen que ya no es la mujer alegre que reía todo el tiempo y que no le tenía miedo a nada. Esa Rosa murió el mismo día que se enteró, por televisión, del brutal asesinato de su hija de 15 años.

En ese momento algo se rompió en su interior, pero en vez de hundirse, transformó ese inmenso dolor en el motor de su lucha contra la impunidad.

El mismo día que María Isabel desapareció, Rosa acudió a la Policía, asustada porque su hija no había llegado a cenar. Lo primero que le preguntaron los agentes fue si pertenecía a una pandilla o si tenía tendencia a escaparse con hombres.

Al no conseguir el apoyo de la Policía, se lanzó a la calle a buscarla. Venticuatro horas después, llegó a su casa exhausta y desesperada; se sentó en el sofá y encendió el televisor. El noticiero de la noche cambió su vida.

“Había un cuerpo de una mujer tirado en el suelo, entre matorrales; decían que tenía 22 años, así que me dije a mí misma que no era mi niña, pero de repente enfocaron las botas que cargaba. Era ella; yo se las había comprado”, recuerda, conteniendo el llanto.

Rosa se fue inmediatamente a la morgue a reconocer el cuerpo. No pudo evitar gritar cuando vio la cara de su hija, destrozada por los golpes. Los trabajadores de la morgue la invitaron a salir de la sala porque “estaba armando demasiado escándalo”, no sin antes entregarle en un bolsa plástica la ropa ensangrentada de María Isabel.

Cuando revisó las prendas, les preguntó por unas grandes manchas amarillas que tenía. “Ah, es semen”, le contestaron los técnicos forenses. Así fue como se enteró de que su hija había sido violada por varios sujetos, dato que el informe médico obvió.

Tortuoso camino

La Fiscalía de Mixco fue la asignada para investigar el caso. En un año no hizo ni una sola diligencia, a pesar de que el fiscal tenía en sus manos el listado telefónico de las últimas personas con las que había conversado María Isabel, las placas del vehículo en que fue secuestrada y un retrato robot del supuesto raptor.

La negligencia en la investigación llegó a tal extremo que ni se molestaron en seguir las pistas dadas por ciudadanos comprometidos.

El mismo día que apareció el cuerpo de María Isabel, el número 110 de la Policía recibió la llamada de un motorista que declaró haber visto cómo bajaban el cadáver de la adolescente de un vehículo y lo dejaban en un campo baldío de San Cristóbal, Mixco. El denunciante siguió el auto hasta un predio, y dio a la Policía la dirección de éste y el número de placa del vehículo, pero nunca se hizo allanamiento alguno.

“El fiscal del Ministerio Público (MP) me dijo que, al ser un predio, allí no vivía nadie, entonces para qué iba a hacer un allanamiento”, lamenta.

Ella misma acudió a esta dirección; temblando de miedo, tocó la puerta y confirmó que en el lugar se encontraba el vehículo denunciado y que habitaba gente, los mismos que habían asesinado a su hija.

Ante la indiferencia de la Policía y el MP, Rosa buscó ayuda en la Procuraduría de los Derechos Humanos, donde le aconsejaron que ingresara en un hospital psiquiátrico, porque la vieron muy nerviosa.

“Estaba tan mal que hay períodos de esos dos primeros años que no recuerdo. Sólo sé que no dormía, no comía y que mi vida era una tortura, pero no necesitaba un psiquiatra, necesitaba que hicieran su trabajo”, dice.

Su desesperación por la falta de atención de las autoridades llegó a tal extremo que sufrió un infarto, tras el cual debe ingerir seis pastillas diarias.

Una luz en el camino

Durante dos años luchó sola contra la corriente, hasta que alguien le aconsejó que hablara con las mujeres de la Red de la No Violencia. Allí encontró la solidaridad que hasta hoy las instituciones públicas no le han dado.

“Me he ido fortaleciendo con el tiempo, por ella. El día que la reconocí en la morgue, le prometí que no descansaría hasta que sus asesinos estuvieran tras las rejas, y no puedo fallarle. Mientras todo el mundo me decía que por qué insistía tanto con todo esto, las mujeres de la Red supieron entender que yo necesitaba justicia”.

Su fortaleza, su valentía para denunciar y su perseverancia han conseguido que la muerte de su hija sea el primer caso de femicidio que conocerá la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Para lograrlo ha tenido que manifestarse, repetir su historia mil veces, convencer a organizaciones internacionales de que su caso merecía la pena, y hasta viajar a Washington para reunirse con senadores. “Imagínese yo con Hillary Clinton, contándole lo que le sucedió a mi hija”, relata.

Para lograr justicia, incluso ha arriesgado su propia vida. En varias ocasiones fue amenazada por desconocidos, quienes le decían que abandonara la lucha, por ello siempre va acompañada de dos policías.

Las advertencias no se deben solo a que Rosa alce la voz, sino a que durante estos años ha seguido cada pista y ha elaborado un minucioso expediente con toda la información sobre el caso de su hija: las evidencias ignoradas, los datos aportados por testigos y las faltas en la investigación.

Este expediente es lo suficientemente valioso como para que la CIDH quiera conocerlo, y para hacer que cambien su actitud las autoridades, las cuales ahora, seis años después del crimen, se desviven por que Rosa se entreviste con éstas.

La verdadera historia, la que no aparece en el expediente del MP, es que un narcotraficante del barrio donde vivía María Isabel se encaprichó con la bonita quinceañera que caminaba por su calle. Pero como ella nunca le hizo caso, junto con tres hombres más decidió secuestrarla, violarla y finalmente golpearla y apuñalarla hasta la muerte.

No hay un momento del día en el que Rosa no piense en su hija. Mientras se transportaba en bus desde su trabajo en la Universidad de San Carlos hasta la zona 1, no pudo evitar llorar cuando una niña se sentó a su lado. “Se puso a jugar conmigo y yo solo pensaba en cómo era mi hija a esa edad y en cómo otras niñas podían caer en manos de los desgraciados que la mataron”, lamenta.

Reconoce que esta es la batalla más dura que le ha tocado librar, que ha tenido problemas en su trabajo, que algunos de sus familiares le han pedido que ya no siga con todo esto. “Pero no me puedo rendir; se lo prometí, se lo prometí a ella. Quiero que descanse en paz, y eso no pasará hasta que sus asesinos estén tras las rejas”.

• La batalla

Rosa Franco: Indignación

“El desprecio con el que he sido tratada por las instituciones de seguridad y justicia, y la falta de solidaridad de las personas que tienen que llevar a cabo la investigación han sido algunas de mis mayores frustraciones. Si tuviera que calcular cuánto me deben por todo lo que he sufrido, diría que hasta el aire que respiran”.

Desde la calle

El dolor y el llanto no han impedido a Franco manifestarse en demanda de justicia.

Apoyo internacional

Acudió a organizaciones internacionales como Amnistía Internacional.

Respaldo de la CIDH

Su esfuerzo se vio recompensado cuando la CIDH aceptó conocer el caso de su hija.

Cifras

2,800 mujeres han sido asesinadas en los últimos cinco años.

3,869 mujeres han sido violadas, desde el 2002.

300 mujeres habían muerto violentamente, hasta la semana pasada, durante este año.

Deficiencias

Lo que las investigaciones no tienen en cuenta:

Si la joven fue violada, ¿por qué las autoridades obviaron buscar restos de fluidos en su cuerpo?

Tampoco hicieron pruebas de ADN a los restos de tejidos encontrados en la víctima, para poder identificar a sus asesinos.

Analizaron con más cuidado el perfil de la víctima para demostrar su posible relación con bandas delictivas, que las pistas sobre los victimarios.

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