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PUNTO DE ENCUENTRO Sufrir la guerra
“María me dijo, vení. ¿Qué vamos a hacer? Ocho días te vamos a torturar, me dijo…”. Rehmi, caso 4,612, Tzalbal, Quiché.
Por:
Marielos Monzón
De acuerdo con la crónica del diario elPeriódico, del domingo 2 de septiembre, en una actividad proselitista en Quiché, la diputada Roxana Baldetti del Partido Patriota, aseguró que “él no tuvo los pantalones para sufrir la guerra en este departamento como lo hizo el general”. De acuerdo con el reporte, fue de esta manera como la diputada descalificó al candidato de la UNE, Álvaro Colom.
En esta columna me quiero referir al comentario de la diputada Baldetti, y abstraerlo de la crítica a Colom, porque me resulta realmente una afrenta a la población guatemalteca en general, pero a la población ixil en particular, las palabras de la congresista y candidata a la reelección.
Doscientos 50 mil muertos, 50 mil desaparecidos, 600 aldeas arrasadas, 263 masacres documentadas en esa área, miles de desplazados y refugiados son los números aterradores que nos dejó la guerra.
Y con todo ese dolor, toda esa sangre derramada, con las atroces violaciones a los derechos humanos, no se puede jugar. Porque la guerra no la sufrió el general, la sufrieron hombres, mujeres, niñas y niños guatemaltecos, que fueron torturados, quemados vivos, violados, asesinados, desaparecidos. Y las heridas aún están abiertas, porque nunca se hizo justicia y los responsables de todo lo ocurrido siguen libres, gozando de impunidad.
Se supone que la paz se firmó con el objetivo primordial de parar la barbarie, de detener las atrocidades que se cometían contra la población civil. Se supone que los militares que participaron en la firma de los acuerdos de paz estaban conscientes de que no se podía continuar con el camino de la muerte y el enfrentamiento.
Se supone que cuando el presidente de la República y comandante general del Ejército de aquellos años reconoció la responsabilidad del Estado en lo ocurrido y pidió perdón, quedó claro quiénes fueron las víctimas de la guerra y quiénes los verdugos. Y no precisamente es un acto de valentía haber formado parte de un Ejército al que la Comisión de Esclarecimiento Histórico señaló de genocidio y delitos de lesa humanidad.
Hay otras formas de ganar votos, otras formas de conseguir el favor del electorado, otra manera de explicar las bondades de un proyecto político. Hay otras formas de argumentar por qué otra opción partidaria, u otro candidato, no resulta el más adecuado para el país.
Pero después de lo ocurrido en Guatemala, durante 36 años de guerra, es inaceptable, una arenga de semejante naturaleza. Porque la ofensa no fue para el candidato de la UNE, su adversario político, sino fue para un pueblo masacrado, violentado, exterminado.
“Mano dura no significa regreso al pasado”, han asegurado hasta el cansancio los máximos líderes del Patriota. Flaco favor les hace la diputada Roxana Baldetti con sus palabras.
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