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La revolución del azafrán
Monjes budistas ponen en aprieto a la Junta Militar de Birmania
Rangún, Birmania /.-La rebelión popular encabezada por los monjes budistas en Birmania, ahora llamado Myanmar, ha puesto en el punto de mira a este país asiático, bajo una dictadura militar desde hace cuatro décadas en la que impera la corrupción. El descontento popular ha desafiado a una de las más duras dictaduras de Asia, donde poseer un teléfono móvil o una computadora, sin el permiso del Gobierno, puede acarrear una pena mínima de 20 años de cárcel.
La espoleta que hizo estallar las protestas la dio el régimen militar el pasado 19 de septiembre, cuando anunció una subida de 500 por ciento del precio del combustible, en un país que tiene grandes reservas de petróleo, pero que no puede refinarlo por falta de infraestructura.
En una de las primeras protestas, algunos monjes budistas fueron golpeados por la Policía, lo que generó un movimiento de solidaridad que acabó por implicar a cientos de miles de birmanos, ya que los monjes son muy respetados en ese país.
Birmania, un país de 50 millones de habitantes, es uno de los más pobres de Asia y, como suele suceder, en éste reina la corrupción, como acaba de confirmar el último informe de Transparencia Internacional.
La pobreza, falta de libertades y democracia es la principal causa de estas manifestaciones.
La Liga Nacional para la Democracia (LND), la única formación opositora que resiste a la fuerte presión del régimen y que lidera la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi -en arresto domiciliario desde 2003-, denunció esta semana que las agresiones sufridas por los monjes budistas son “la mayor afrenta en la historia” cometida hasta ahora por la Junta Militar.
Comenzaba así la llamada Revolución del Azafrán, por el color de las túnicas de los monjes budistas; las manifestaciones se fueron tornando en multitudinarias, con cientos de miles de birmanos en las calles que piden democracia, y que hasta ayer había dejado una veintena de muertos, aunque algunos diplomáticos hablan de más muertos.
Los birmanos no han ido a las urnas desde el 27 de mayo de 1990, cuando obtuvo 82 por ciento de los votos legislativos la LND. De este modo, los birmanos rechazaron al Partido de Unidad Nacional, creado por la Junta Militar, que gobierna el país desde 1962, la misma que en 1989 decidió que Birmania pasase a llamarse Unión de Myanmar.
Pero el Consejo de Estado para la Restauración de la Ley y el Orden (SLORC), órgano con el que gobiernan los militares desde 1988 y que desde 1997 se denomina Comité de Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC), se negó a reconocer los resultados.
Anexión a India británica
Birmania fue anexionada a la India británica en el siglo XIX, aunque logró separarse de ésta en 1937, e instauró una Constitución y un Gobierno propios. En 1942 el país es invadido por los japoneses, lo que causa una lucha nacionalista que prosigue contra los británicos hasta la obtención la independencia.
En enero de 1948, se proclama la independencia de la Unión Birmana, que incluye una gran variedad de pueblos, siendo la Liga Popular Antifascista de la Libertad (LPAL) el partido gobernante entonces.
En 1958, la LPAL se divide en dos facciones rivales y el dirigente de una de ellas, el general Ne Win, forma un gobierno militar interino y establece una dictadura militar en 1962.
En 1988, tras dimitir el general Ne Win, el Ejército se hace con el poder; suspende la Constitución vigente desde 1974 y crea una Junta Militar y órganos de represión que preside el general Than Shew, jefe del Estado desde 1992.
Desde entonces, la eficiente maquinaria de espionaje y control de la información creada por la Junta Militar de Birmania trabaja a fondo para desactivar los movimientos de la oposición.
Sofisticada vigilancia
Esa extensa red de vigilancia se basa en un programa desarrollado por los generales birmanos durante cuatro décadas de régimen militar, periodo en el que han destinado esfuerzos y muchos millones de dólares al montaje de una de las más sofisticadas y extensas redes de espionaje en Asia.
“Los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad tienen interceptados todos los sistemas de telecomunicaciones del país”, señalan diplomáticos y testigos.
Para disponer de una computadora en este país asiático, donde sólo existe una decena de “cibercafés” con limitado acceso a Internet, hay que pedir un permiso especial al Ministerio de Comunicaciones, Correos, y Telégrafos.
En todos los hoteles de la capital, Rangún, y en otras ciudades, las llamadas son interceptadas con descaro y, si se emplea el servicio de Internet del establecimiento, éste se queda con una copia del mensaje.
Los birmanos de a pie dicen que el régimen militar tiene “oídos y ojos” en todas partes, y que en la nómina del poderoso Servicio de Inteligencia, además de militares, también figuran pedigüeños, vendedores callejeros, recepcionistas de hoteles, empleados de oficinas, monjes, taxistas y estudiantes, entre otros.
Los espiados no son sólo birmanos sospechosos y miembros confesos de la oposición y seguidores de la lideresa del movimiento democrático, Aung San Suu Kyi, también los diplomáticos, periodistas y empresarios extranjeros, que los generales denominan “esbirros del imperialismo”, son observados, seguidos y fotografiados.
Así, desde el comienzo de las protestas los sistemas de telefonía móvil y de Internet están bloqueados.
De hecho, las fuerzas de seguridad y los matones de la Asociación para la Solidaridad y la Unión Nacional, organización vinculada a la Junta Militar, han expulsado del país a decenas de extranjeros por observar o fotografiar las manifestaciones.
Reporteros Sin Fronteras y la Asociación de la Prensa Birmana, con sede en Tailandia, denunciaron que la Junta Militar evita que los periodistas informen de las protestas, las mayores desde la matanza de unos tres mil activistas democráticos perpetrada en septiembre de 1988.-Con información de agencias EFE-AFP-AP-DPA y sitios de Internet.
Movimiento: Rechazo
Oposición en el exilio y dentro de Birmania
La oposición birmana cuenta con diversas agrupaciones, organizaciones y minorías étnicas en el exterior, lo que dificulta que el NCGUB, el gobierno en el exilio fundado en 1990, pueda agrupar a los cientos de miles de refugiados en el exterior.
Desde los primeros años, la oposición logró acordar objetivos comunes. Entre ellos figuraron la liberación de presos políticos, una nueva Constitución, elecciones generales y traspaso de poder a un nuevo gobierno.
El NCGUB (siglas en inglés de Gobierno de Coalición Nacional de la Unión de Birmania) fue fundado en 1990 por un primo de la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, después de que la Junta Militar que gobierna el país se negara a reconocer el triunfo electoral de la Liga Nacional para la Democracia, el partido de Suu Kyi.
El Proyecto Birmania, fundado en 1991 por exiliados birmanos y alemanes, cuenta con unos 50 miembros de diversos países y apoya el movimiento democrático nacional.
Junta militar: Férrea dictadura
El generalísimo Than Shwe, número uno de Birmania desde 1992, mantuvo hasta ahora a su país sometido a un régimen de terror y secretos, que fortaleció el papel del Ejército y asfixió toda aspiración democrática.
Nació el 1 de abril de 1933 en un pueblo cerca de Mandalay.
Than Shwe, que a los 20 años de edad colgó su bolsa de cartero para incorporarse al Ejército, acentuó el repliegue de Birmania sobre sí misma, mientras los países vecinos del sudeste asiático se abrían y comenzaban a hacer que la población se beneficiara del desarrollo económico.
El régimen de Than Shwe, denigrado en Occidente, se esforzó por lograr un acercamiento con China, Rusia, India y Tailandia, países muy interesados en los recursos naturales birmanos, fundamentalmente el gas.
Miseria y enfermedades
Es un país rico con pueblo pobre
Tiene petróleo, maderas, estaño, antimonio, zinc, cobre, acero, tungsteno, plomo, carbón, mármoles, piedras preciosas, gas natural. Produce arroz, legumbres, ajonjolí, maní, caña de azúcar, peces y mariscos, cemento y otros materiales de construcción, compuestos farmacéuticos, fertilizantes y ropa, entre otros productos.
Muchos analistas consideran que la Junta Militar ha hecho muy poco en los últimos 40 años para mejorar los servicios básicos del país. Según la Organización Mundial de la Salud, el Gobierno militar de Birmania invierte US$0.60 por persona en materia de salud, lo que explica que alrededor de 150 mil niños menores de cinco años mueran anualmente debido a la malaria, infecciones respiratorias agudas y diarrea.
Además, tiene problemas de deforestación, la actividad industrial contamina el aire, el suelo y el agua, y la falta de medidas sanitarias y tratamiento de aguas servidas contribuyen a las enfermedades.
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