Guatemala, 6 de abril de 2008
Alerta por desnutrición infantil
Josué Daniel Santos Gómez, de 8 años, es un caso de desnutrición severa. Fue atendido en el Hospital de Infectología y Rehabilitación.
Alejandra Álvarez
El vicemandatario informó a Prensa Libre que se están gestionando los recursos con organismos internacionales, para poder cubrir un plan nacional y atender a la población afectada.
Según un estudio de Unicef, dado a conocer esta semana, Guatemala tiene el índice más alto de desnutrición de Latinoamérica, y el sexto del mundo.
Juan Aguilar, secretario de Seguridad Alimentaria y Nutricional, indicó que el plan de emergencia contiene una estrategia para la producción de granos básicos, en especial maíz y frijol, la cual será presentada en los próximos días por el ministro de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Raúl Robles. “La idea es que sea un complemento a los planes comprendidos dentro del Consejo de Cohesión Social, que abarca a los municipios más pobres del país”, destacó.
Según el último monitoreo efectuado el 3 de abril del 2008, por la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), seis mil 147 comunidades en todo el país presentan algún grado de riesgo y registran casos de niños con desnutrición. De éstas, 332 están en muy alto riesgo, de las cuales 93 se encuentran en el departamento de Totonicapán.
De los 22 departamentos del país, 20 registran algún tipo de desnutrición. Alta Verapaz y San Marcos son los que tienen mayor número de comunidades en niveles variados de riesgo, 972 y 967, respectivamente, pero es Totonicapán el que tiene más comunidades en muy alto riesgo, y Momostenango es el municipio más afectado, con un total de 31, seguido de San Bartolo Aguas Calientes, con 28.
Los reporteros de Prensa Libre Lorena Seijo y Edwin Perdomo dieron la voz de alerta respecto de la situación que se estaba viviendo en el país, en enero del 2008, cuando publicaron un reportaje sobre la problemática que se vivía en algunas comunidades de Morales y Los Amates, Izabal, donde muchos niños habían sido trasladados con desnutrición severa a centros asistenciales. En esa ocasión la Procuraduría de los Derechos Humanos indicó que esa era solo una muestra de lo que se estaba viviendo en el país.
Efectivamente, los casos se siguieron multiplicando en varios departamentos de la provincia, y la Prensa siguió publicando los hechos.
Un ejemplo de la magnitud del problema es la situación por la que atraviesa la Unidad de Nutrición del Hospital de Infectología y Rehabilitación, de la ciudad capital.
En menos de 15 días, el 90 por ciento de niños atendidos presentaba algún grado de desnutrición. Si los hospitales nacionales remitieran a ese lugar a todos los pacientes cuyo problema principal es la mala nutrición, no habría capacidad para atenderlos.
“Desde el 24 de febrero hemos dado unas 370 dietas; soy la única encargada de consulta externa, y no doy abasto”, dijo Brenda Rosmundo, una de las nutricionistas de ese centro asistencial, quien advierte que, por ahora, esa unidad solo tiene capacidad para internar a cuatro niños.
De acuerdo con su experiencia, Rosmundo explicó que las madres también presentan niveles de desnutrición, por lo cual el tratamiento debe ser integral.
En muchos casos son madres solteras, viven en condiciones de pobreza, vienen de familias numerosas, muchas viajan desde la provincia hacia la capital, y en algunos casos no hablan español, por lo que se hace necesario buscar la ayuda de un intérprete que les pueda explicar las recomendaciones médicas.
Iván Mendoza, médico encargado del Programa de Seguridad Alimentaria, refirió que la desnutrición es el problema de salud pública más grave del país, y aunque la solución es preventiva y no curativa, hay que apoyar más a los centros de Salud, para que puedan atender a los niños con problemas.
Josué Daniel Santos Gómez, de 8 años, permanece tendido en una de las cuatro camillas de la unidad del Hospital de Infectología y Rehabilitación, desde el 10 de marzo. El dolor que refleja su rostro es conmovedor, pues padece desnutrición severa, tipo marasmo, y tiene lesiones en la piel, síndrome peladroide, pérdida severa de la masa grasa, caries dentales y úlceras corneales.
Según la Sesan, casos como éste se encuentran en los municipios del oriente del país, en la frontera con Honduras, y forman parte de una zona crítica en materia de desnutrición infantil.
Lucrecia de Castillo, gerente financiera del Hospital de Infectología y Rehabilitación, calculó que para recuperar a un niño desnutrido se gastan entre Q1 mil 600 y Q4 mil 500, lo que pone en aprietos las finanzas de ese centro asistencial.
Francisco Tissen, coordinador del Viceministerio de Hospitales, reconoció que es necesaria la creación de programas de desarrollo sostenible destinados a las familias en situación de pobreza y madres solteras.
Margarita Sosa, coordinadora del Departamento de Nutrición y Dietoterapia, promueve desde hace varios años el proyecto Iván, el cual busca la construcción de una unidad nacional para tratar a niños con desnutrición.
Sosa explicó que en la mayoría de hospitales los niños son egresados cuando se curan las infecciones, pero que la desnutrición sigue atacándolos en silencio, por falta tratamiento.
Necesitan, dijo, de una unidad que posea mayor capacidad, es indispensable la atención económica del Gobierno, para que el proyecto logre su cometido. Sosa recordó que, durante la campaña electoral, el hoy vicepresidente, Rafael Espada, ofreció apoyo que aún no se ha concretado. “La idea es poder recuperar a 60 niños mensualmente, y educar a 60 núcleos familiares”, explicó.
Para esto se pretende la implementación de salas de encamamiento, pues el proceso de recuperación puede durar de una semana a un mes.
Tissen coincidió en la necesidad de contar con una unidad pediátrica de referencia nacional para atender a los niños mal nutridos. “No podemos ocultar que Guatemala sufre los embates de la desnutrición. Las estadísticas no reflejan la magnitud del problema... solo estamos viendo la punta del iceberg”, lamentó.
Según las estadísticas oficiales, Guatemala sigue siendo el país con mayores índices de desnutrición infantil en Latinoamérica, sin que las acciones de los gobiernos hayan logrado revertir la situación que, a la postre, empeña el futuro de Guatemala.
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