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Guatemala, 6 de abril de 2008

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Hace justamente 15 días, este matutino nos informó del asesinato de Diego Pu Ixcotoyac, un niño de 11 años, secuestrado por un grupo de criminales asesinos que no tuvieron piedad para truncar una vida inocente. Una vida llena de sueños y juegos, de ilusiones y risas; también sentimos la angustia y el llanto de ese niño en manos de un grupo de asesinos.

Qué tragedia. Así como Diego, hay miles de guatemaltecas y guatemaltecos que a diario siguen sufriendo hechos de violencia. Los criminales siguen actuando en el paraíso de la impunidad, y los pocos casos que ya fueron sentenciados a la pena de muerte por los tribunales estarán a estas alturas celebrando que esa sentencia nunca se vaya a cumplir, gracias a la actitud del presidente de la República de vetar la ley.

Mientras este cuadro de dolor se repite constantemente, sin perspectivas de cambiar, el pueblo de Guatemala se siente defraudado con otro engaño más por parte del presidente Colom. Lejos quedaron las promesas de campaña que hoy en el poder no tiene el valor de cumplir; qué fácil se olvidaron de sus declaraciones de que no les temblaría la mano para que se aplicara la pena de muerte.

Las justificaciones del veto presidencial a la Iniciativa que aprueba el Recurso de Gracia para los Condenados a Muerte, como la defensa del derecho a la vida, el principio de irretroactividad de la ley y otros, no tienen el sustento necesario para dejar nuevamente en un limbo legal una pena que incluso está contemplada en la Constitución de la República y que al no cumplirse abona a la falta de certeza jurídica y propicia más impunidad.

Yo me pregunto en quién estaba pensando el presidente cuando firmó este veto justificando la defensa del derecho a la vida, ¿será que solo pensó en los 21 reos que después de un largo proceso fueron condenados a la pena de muerte y que hoy se ven beneficiados por la débil actitud de un presidente que prefirió defender la vida de los asesinos, antes de defender la vida de miles y miles de niños, mujeres, hombres y ancianos que a diario somos víctimas de la violencia?, ¿pasaría por su mente la angustia que nos aflige a las madres?, ¿pensaría por un momento en la brutalidad con que han sido asesinadas tantas mujeres?, obviamente no, porque si lo hubiera hecho, como ellos mismos lo dijeron, no le hubiera temblado la mano para sancionar la ley.

Finalmente, creo que el veto del presidente a la iniciativa del Congreso que aprueba el recurso de gracia nos deja una gran lección más allá de las posiciones ideológicas que generan temas como éste, y es que con esta decisión el presidente se suma a la lista de los políticos mentirosos.

* Diputada del Partido Patriota

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