Guatemala, 25 de abril de 2008
Revelaciones
Por Margarita Carrera
Iracundiae dea
Ya Antonio Porpetta, desde Madrid, con esa bellísima voz de poeta que tiene, me lo había empezado a leer por teléfono. Ni bien dije “Aló”, se dejó venir con todo ímpetu con los primeros versos de Iracundiae dea.
Al oírlo, se me erizó el pelo: “Desde mi soberbia y recia voz de fuego/ desde mi sangre y mi cuerpo y mi alma y mi tiempo/ desde este aquí de la patria maldita/ yo te saludo, Fernando Pessoa/ y saludo a tu igual / a ese otro océano de palabras/ Walt Whitman/ y me inclino irreverente y reverente/ ante vuestras voces crepusculares/ que anuncian el alba y el medio día inmenso de la vida/ Desde mi barca a la deriva desde mi tormenta/ desde mi mar desde mi tierra desde mi montaña/ desde mis huesos alzo la voz y el sueño y la pesadilla/ Walt – Fernando – Whitman – Pessoa/ más allá de la negra noche que soterra mi cuerpo/ del día inmenso que desnuda mi alma…”
Luego, el jueves 17 de abril, me llega un paquete de ediciones Torremozas. Lo abro apresurada y me encuentro con un papel verde que envuelve mi poemario: “aquí va tu joya. Besos, Luzmaría”. Y ahí está nítida y bellamente editado aquel libro tan añorado. El número 221 de la Colección Torremozas que edita poesía femenina escogida de España y Latinoamérica.
Fue en mayo de 2007, cuando fui invitada por Luzmaría Jiménez y Antonio Porpetta (su esposo) a su casa en Madrid, para leer poesía. Cuando leí algunos poemas de Iracundiae dea, Luzmaría me preguntó ¿ya tienes editor? No. ¿Deseas que te lo edite? Vaya si no lo deseaba, infinitamente, pero no esperaba propuesta tan insólita. Agregó, tu libro saldrá el próximo año. Y dicho y hecho, aquí lo tengo entre mis manos, antes de mayo.
¿Qué cómo me nació este poemario? Pues alguien, muy adentro de mí, me lo dictó al terminar Sumario del recuerdo. Memorias (1929 – 1981). Pero, mucho antes del resumen que hiciera de éste Fondo de Cultura Económica (un libro ligero, que gusta mucho). Fue al finalizar el voluminoso texto original e imprimirlo; entonces sentí una gran euforia. Como alguien que renace a la luz. Había vomitado cuanto dolor, ira, lucha apasionada pesaban sobre mi alma. Una liberación, después de casi tres años de sufridos encuentros y desencuentros conmigo misma, recordando hechos, sentimientos, pasiones intensas. Narrando, como en una novela, los aconteceres de mi vida que dejaron huella.
Al decir un hasta aquí en mis memorias, me puse a releer plácidamente a Fernando Pessoa y a Walt Whitman, adentrándome en Homero, Virgilio, Dante. Por ello escogí un título en latín: iracundiae dea, que significa “diosa de la ira”. Volvía mi mirada hacia los clásicos. Mi voz se identificaba con la de ellos más allá del tiempo, del espacio, del género. Sobre todo, la primera parte: Canto a mí misma.
Quiere decir que ahora, en España, se encuentran tres libros míos: En la mirilla del jaguar. Biografía novelada de monseñor Gerardi, Sumario del recuerdo. Memorias (1929 – 1981), ambos editador por Fondo de Cultura Económica, e Iracundiae dea de Editorial Torremozas, Madrid.
El Comité organizador del II Congreso Internacional de Escritoras y compromiso. Literatura española e hispanoamericana de los siglos XX y XXI me ha invitado como participante. El día 29 de mayo a las 19 horas leeré Mi credo poético: visión de una mujer guatemalteca, luego, poemas de Iracundiae dea, junto a Xelo Candel y Pilar González España, las tres publicadas por Torremozas. (Mi más honda gratitud a Marta Elena Casaús y a Luzmaría Jiménez Faro).
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