Guatemala, 30 de abril de 2008
Economía para todos
“Todos salimos ganando, porque por fin se construyó las muchas veces soñada Carretera Panamericana, que atraviesa nuestro país de frontera a frontera”.
Por josÉ molina calderón
Opinión
Concluye hoy con este artículo la serie de artículos de Valentín Solórzano sobre la Gran Depresión y sus alcances hasta 1944, con alguna actualización de palabras. Dice así:
Don Jorge Ubico se vio obligado a regañadientes a admitir el establecimiento de una base militar norteamericana en la capital de Guatemala. Digo a regañadientes, porque don Jorge era criptogermanófilo, pero tuvo que aceptar las circunstancias que la coyuntura política internacional le impusieron.
Los gringos tenían un miedo-pánico de que un ataque submarino alemán sobre el Canal de Panamá les impidiera hacer uso de esa vía, o bien que el bloqueo del Caribe y del Pacífico creara una situación de inestabilidad y de poco uso de la vía interoceánica.
Por lo tanto, necesitaban bases aéreas cercanas desde donde defender el Canal. Con el mismo fin, impulsaron la construcción de la Carretera Panamericana para poder abastecer por tierra la defensa del Canal y las necesidades del mismo.
Todos salimos ganando, porque por fin se construyó las muchas veces soñada Carretera Panamericana que atraviesa nuestro país de frontera a frontera, y constituye tal vez la mejor vía de comunicación de Guatemala.
Al establecerse la Base en la parte norte del aeródromo de la Aurora, se construyeron instalaciones provisionales, pero suficientemente sólidas para alojar a los aviadores oficiales y soldados que formaban la base militar. Pero lo que es importante desde el punto de vista sociológico son las transformaciones que en la pacata (pacífica) comunidad chapina de aquellos años (1943) trajeron los pilotos y soldados norteamericanos.
Muchas de nuestras niñas de todas las clases sociales tenían como ideal masculino al rubio piloto de espaldas anchas, pinta de atleta y caminar y ademanes de Superman, que veían en las películas que constituían el único espectáculo en la ciudad y también el único contacto con el mundo exterior. Si además de canches, bien dados y galanes, eran aviadores y gringos, el personaje ideal era completo y llenaba el retablo de todas las exigencias de muchas de nuestras guapas chapinas.
Es decir que el grupo de pilotos oficiales, soldados y auxiliares venían a ser un contingente romántico e inesperado que ponía una nota de extraordinaria novedad en nuestro medio.
Como dijimos antes, lo que nos interesa es analizar el impacto sociológico de este asunto, y así lo haremos, diciendo que en primer lugar los románticos invasores tenían completa ausencia de prejuicios en relación a la búsqueda de su “latin girl friend”, y que lo mismo se prendaban de una damisela de buena familia, como de alguna empleada del hogar pizpireta y atractiva, y que las invitaciones las hacían también en forma indiferenciada.
El caso es que en muchas oportunidades, en una misma noche, se presentaban a una casa de familia un cabo bien plantado requiriendo la compañía de la señorita de la casa, en tanto que a mismo tiempo llegaba un subteniente o teniente solicitando la compañía de la atractiva empleada del hogar, dándose el caso que el acompañante de la señorita rendía respetuoso saludo a su superior jerárquico, que salía del brazo de la empleada.
También se provocaron situaciones difíciles con los jóvenes chapines que se vieron de pronto en la situación de tener que enfrentar una muy desleal competencia, puesto que los románticos invasores no solo eran más bien plantados y disponían de un hálito de heroísmo que los hacía más atractivos románticamente, sino que contaban con más medios económicos, ya que todos recibían una buena paga y además una serie de artículos que en aquella época de la guerra eran muy escasos.
Ante tan descomunal y desleal competencia, nuestros jóvenes unían filas y hubo un distinguido estudiante de Medicina, hoy (1989) honorable galeno, que propuso formular una lista de las ‘gringueras’ o sea aquellas damiselas que acompañaban a los miembros de la base, y que tenía por objeto la dicha lista, poder aislar a quienes se hubieran hecho reos de tan tremendo delito.
No sé si la lista formulada por el talentoso estudiante sirvió de algo a las noveleras chapinas que acompañaron a los oficiales de la Base y sufrieron la punición prevista, lo cierto que esa fue una de las acciones defensivas de nuestros jóvenes Don Juanes.
En la Base se organizaban reuniones y fiestecitas con las cuales los aviadores distraían sus ocios, y lo cierto es que la austera sociedad que antes solo se divertía en clubes selectos, a saber: Club Guatemala, Club Alemán y Club Americano, se democratizó asistiendo a los night clubs que surgieron en la ciudad, para diversión de propios y visitantes, rompiéndose así un cerco que había durado durante todo el régimen ubiquista y flexibilizando un poco más las relaciones entre los miembros de nuestra comunidad.
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