Guatemala, 30 de abril de 2008
Los mentirosos pueden creer que son buenos a la hora de encubrir sus embustes, pero su rostro los delata.
Investigadores canadienses realizaron el primer estudio detallado sobre los secretos que se pueden detectar cuando las personas ponen una cara falsa o inhiben alguna emoción. En lugar de tratarse de indicios como miradas furtivas o frentes sudorosas, es la expresión la que se quebraría y permitiría la emergencia de las emociones reales, como felicidad, tristeza o enojo.
El equipo analizó, entre otros, el caso del canadiense Michael White, quien se mostró llorando mientras pedía públicamente el regreso de su esposa embarazada desaparecida, Liana White, en julio del 2005. Tres días después, destellos de ira se filtraron en su tristeza mientras decía que estaba muy decepcionado con la policía y que iba a encontrar a su mujer él mismo. El hombre lideró un grupo de buscadores voluntarios a quienes condujo directamente a una zanja en las afueras de Edmonton. Tiempo después, fue acusado y condenado por asesinato en segundo grado. Cuando Porter y su equipo analizaron las imágenes cuadro por cuadro, hallaron los indicios de ira y disgusto que no habían sido detectados por la mayoría del público. Porter manifestó que nadie puede falsificar las emociones de manera perfecta y que algunas son más difíciles de falsear que otras.
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