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Guatemala, 7 de agosto de 2008

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Después de relatar la participación de Odette Arzú (como miembro de la Cruz Roja) en la quema de la Embajada de España, el 31 de enero de 1980, a continuación retomo su testimonio, que aparece en Saber quién puso fuego ahí de Máximo Cajal.

Hay una breve introducción al mismo, escrito por Cajal: “Odette Arzú, sin lugar a dudas, me salvó la vida. Lo hizo probablemente por dos veces en un período de tiempo relativamente breve, a mi salida del edificio de la Cancillería y una vez que ambos fuimos introducidos por la policía en un coche celular; en aquel momento yo ya me había rendido. Ella lo cuenta ahora, a petición mía, después de un largo silencio por mi parte. Sólo las imágenes de televisión… podrían emular su testimonio, tan vívido es. Yo quiero rendir aquí homenaje a su generoso gesto, a su coraje y a su honestidad”.

He aquí la respuesta de Odette (dada en Madrid, 25 Sept. 1998): Máximo. Desde hace aproximadamente veinte años no he sabido nada de ti, hasta ahora en que he recibido una carta en la que me pides que te dé testimonio de todo lo que yo vi y participé. Como creo que es de justicia que uno debe decir la verdad y toda la verdad, estoy dispuesta a dar testimonio pase lo que pase, y siempre hay que decir esto en mi país porque nunca sabe uno qué es lo que va a pasar(…)”

Estando en su casa, con el ex ministro de Educación, Guillermo Putzeys, recibió una llamada de la Cruz Roja en donde le dijeron que no se moviera de su casa porque la iban a necesitar como parte que era de esa institución. Se quedó en su casa, y a eso de las 11 de la mañana recibió una llamada telefónica de su amigo Jaime Ruiz del Árbol, secretario de la Embajada de España, en donde le suplicó que fuera a esa sede diplomática para “salir de un problema”.

Consultó por la radio con el entonces presidente de la Cruz Roja, Augusto Bauer Arzú, primo de ella, para pedir su autorización para ir a la Embajada, como vocal que era de la Junta Directiva y directora de Socorro. El presidente Bauer le dio permiso y le dijo que se encontrarían ahí. Al llegar a la Embajada, que estaba en la zona 9, se encontró con que aquello estaba lleno de gente en la calle, las puertas cerradas y mucha policía. Intentó entrar como miembro de la Cruz Roja, pero los policías le dijeron que solo periodistas podían hacerlo.

Entonces sacó ella su carné como miembro que era de la prensa. Así la dejaron entrar. Se encontró con varios periodistas y les pregunto qué pasaba. Contestaron que un grupo de campesinos había invadido la Embajada y que las fuerzas de seguridad querían desalojarlo. Intentó subir entonces al segundo piso, y en la reja que dividía el primero del segundo piso vio al embajador Cajal, al ex vicepresidente Cáceres Lehnhoff y al ex ministro de Relaciones Exteriores Molina Orantes. Los tres últimos, guatemaltecos, le pidieron ayuda.

El embajador le dijo: Mire, sé que Jaime la ha llamado, ¿qué podría hacer por nosotros? Aquí confiesa Odette que no era amiga de Cajal y que no simpatizaba con él. Molina Orantes le dijo que los invasores querían salir, pero querían una garantía y salir con la Prensa, con la Universidad de San Carlos y la Cruz Roja.

Los policías militares le ordenaron a Odette que bajara, al desobeder, dice: me bajaron a culatazos, y rodé por las escaleras… Volvió a subir, y nuevamente la bajaron y la echaron al jardín “cual vil cucaracha”. Luego, cerraron la puerta de entrada a la casa. El segundo jefe de la Policía Judicial le dijo que no se empeñara en subir, porque no iban a dejarla.

Hasta entonces no sabía Odette quiénes eran los invasores, pero se sabía que a todo el personal de la Embajada lo habían subido al piso segundo, donde había una reja que cerraba el segundo con el primero. Se oían gritos por las ventanas con rejas, pidiendo se les sacara de ahí. Esto lo veíamos desde el jardín, porque nosotros estábamos en un pequeño patio-jardín desde donde se veía una taladradora de ésas que se usan para abrir zanjas… y que hacía un ruido espantoso. Ya que las ventanas estaban todas con rejas, la policía quería entrar por el techo… En eso pasaron, no sé, no me acuerdo si fue una hora o dos horas(…).

(Continúa).

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