Guatemala, 7 de agosto de 2008
Por Irina Darlée
En la mitología griega aparecen dioses y hombres que no quieren ser inmortales. Así Ulises, el héroe de la Odisea, que vivía en los tiempos de los mitos y era un joven hermosísimo, desdeñó el amor de Calipso, una diosa, que a cambio de su amor se comprometió a dispensarle de la vejez y de la muerte.
Ulises, el hombre mortal para quien es lícito amar a una diosa, se muestra aburrido, y no desea otra cosa que una vida humana. De vuelta de la guerra de Troya quiere retornar a su casa y descansar de sus etapas sufridas en el curso de su regreso a la patria, en lugar de permanecer en la isla de Ogigia, donde vivía la ninfa Calipso, la que se había enamorado del náufrago. Ulises logra huir del amor de Calipso, y ella fracasa en su deseo de hacer de Ulises un héroe inmortal, puesto que éste renunció a la inmortalidad porque prefiere continuar siendo simplemente un hombre.
En otro pasaje de la mitología griega se nos cuenta cómo otro joven guapísimo, Narciso, desdeña el amor de las ninfas —deidades de los bosques— puesto que aquel hombre, el que se dedicaba a la caza, un día, asomado a una fuente del bosque, vio su hermoso rostro reflejado en las aguas y se enamoró de su propio semblante como si este hubiera sido de otro. Narciso permaneció junto a la fuente hasta que, falto de vida, se transformó en una flor, que las ninfas de los bosques, lamentando la muerte del joven, llamaron con su mismo nombre “Narciso”.
Este personaje también llega a ignorar el amor de las diosas. Apegado a un solo aspecto de la realidad, ocasionando el desequilibrio que uno debe desarrollar, y contribuyendo, de ese modo, al bienestar común, trabajando, engendrando y viviendo en comunidad con sus semejantes. Narciso se había convertido en un modelo negativo para los viejos griegos, como Caponeo con su actitud despreciativa hacia el soberano del Olimpo.
Otro de los siete caudillos que hacían la guerra a Teba, eran asimismo hombres violentos y orgullosos, según los relatos de esta mitología, y habían llegado al extremo de desafiar a Zeus por lo que éste mató a uno de ellos, fulminándolo con un rayo. Ningún mortal debe considerarse igual o superior a los dioses, puesto que los hombres tienen sus límites impuestos por la naturaleza humana. Pero en aquel tiempo, los mitos, hombres y dioses no estaban definitivamente separados. Y Niobe, aun siendo una mujer mortal, gozaba de la amistad de la diosa Leto o Letona. En el mito, (canto XXIV de la Ilíada), Niobe, la de las hermosas trenzas, es convertida en piedra porque ha sobrepasado los límites asignados a los seres humanos, atreviéndose a desafiar a una divinidad. Cuando ambas deben estar separadas por una distancia insalvable.
Si no me engaña la memoria, un antropólogo contemporáneo nuestro ha sido condecorado recientemente en París, con la orden de Pushkin del Gobierno de Rusia, por haber descubierto que Troya había existido realmente. No es solo una leyenda en las obras de Homero sino una ciudad real de la antigua Grecia, en aquellos tiempos de los mitos.
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