Guatemala, 4 de enero de 2008

CATALEJOLos indígenas, según un tzutujilPor Mario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASPoder local o la ley del más fuertePor Alfred Kaltschmitt

FAROTemor y especulaciónPor Rodrigo Castillo Del Carmen

COLABORACIÓNPeregrinos de caminoPor José Miguel Argueta

VENTANA Lo que dice el I ChingPor Rita María Roesch

SIEMPRE VERDE¿Qué estamos esperando?Por Magalí Rey Rosa
Acá estamos, las y los habitan- tes de Guatemala, llegando al año 2008; a punto de estrenar nuevo gobierno. Momento propicio para la reflexión y los buenos propósitos. Guatemala es un país privilegiado, por su naturaleza, pero hemos cuidado muy mal esta valiosa herencia. Arruinamos y malgastamos ya buena parte de nuestra riqueza: totalmente perdidas las selvas de la costa sur, las selvas del sur del Petén; absurdamente contaminados nuestros lagos y la mayoría de los ríos. Perdiéndose, como si fuera inevitable, el Lago de Izabal, la Laguna del Tigre, el río Polochic, las selvas del norte del Petén, el Lago de Atitlán… En peligro todo lo que queda.
A pesar de lo mucho, ¡muchísimo! que hemos perdido ya, todavía vale la pena hacer lo que sea necesario por mantener lo que queda. Si no nos proponemos hacer algo diferente, seguiremos por el rumbo que llevamos: entregando nuestro petróleo, nuestro oro, nuestro níquel, nuestra agua, nuestros suelos y nuestro trabajo a los inversionistas extranjeros; quedándonos con montañas dinamitadas, selvas pelonas, ríos y lagos contaminados. Todos más pobres, algunos mucho más vulnerables.
Albert Einstein dijo que no puede resolverse un problema con el mismo esquema mental que lo creó. La crisis ecológica, que se entiende ahora popularmente como cambio climático, demanda una nueva manera de mirar el mundo natural que nos rodea y sostiene. Nunca hemos necesitado tanto revisar todo lo que estamos haciendo con nuestro planeta. Las leyes que toca respetar son cósmicas, universales.
Cada pueblo, cada comunidad, cada familia enfrenta una realidad particular; cada decisión que se toma, individual o colectiva, tiene un efecto sobre el sistema de vida de la Tierra. En cada lugar hay que evaluar la situación ecológica que se enfrenta.
Por ejemplo, Costa Rica vuelve a distinguirse del resto de Centroamérica por su postura ecologista; presentó —en Bali— una propuesta novedosa y aventurada: quiere que el mundo le reconozca el mérito que ha tenido proteger sus bosques y selvas. Aunque caiga mal a muchos, argumenta. Esa es prácticamente la única manera en que los países del sur pueden seguir manteniendo los ecosistemas de los que depende el clima planetario, del que gozan los países del norte, que son los mayores responsables de la crítica situación ambiental actual, por la quema de hidrocarburos. Costa Rica ha hecho una apuesta por su naturaleza, por su futuro. Acá tocaría también mirar hacia el futuro y tomar algunas decisiones. Todavía tenemos riqueza natural en Guatemala: podemos hacer del cuidado ecológico un pilar, en nuestra construcción de una comunidad humana más sana y solidaria. Pero una propuesta así necesita de plena participación ciudadana y apoyo político. ¿Qué estamos esperando?
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