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Guatemala, 4 de enero de 2008

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COLABORACIÓNPeregrinos de caminoPor José Miguel Argueta

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Ahora los días de enero pasan rápidamente. Con ello se deja sentir en el ambiente la fuerza que poco a poco ejerce el poder político que producirá efectos en la vida cotidiana de cada campesino, de cada trabajador, de cada empresario, de cada persona de este país. De hecho el poder político al que nos enfrentamos es la capacidad que tiene un guatemalteco para producir efectos importantes sobre el comportamiento de otro guatemalteco.

Creo que Álvaro Colón y su gobierno tienen los medios en el presente para obtener cualquier bienestar como país en el futuro. Con la presencia de la oposición de tantos sectores y de su propia voluntad desea obtener obediencia, cumplimiento, observancia, disciplina, adhesión sobre determinado contenido que pertenece a un plan escrutado, reconocido y avizorado desde su visión política.

Somos peregrinos de camino. Los guatemaltecos con su voto colocan a algunos en lo más alto del estrato social, y a otros, abajo. Durante dos períodos presidenciales pasados, Álvaro supo esperar su tiempo de hacer gobierno. Y eso es porque en la acción política que ejercemos todos los guatemaltecos se mueven una cantidad de intereses. De alguna manera todos pertenecemos a esa familia pública que nos hace a veces mandar, y otras, obedecer.

El poder político influirá en cada uno de los ámbitos de la vida como pueblo. Hay conexiones vinculantes con todos los sectores y con cada una de las acciones que se emprendan. Sin embargo, en la acción de poder siempre existe la ambivalencia y la vulnerabilidad que conduzcan al país por sendas insospechadas.

Los guatemaltecos relacionan la acción que se ejerce desde la esfera pública como la posibilidad legítima de causar daño o influir sobre la vida social. La violencia que se ejerce desde el poder del Estado. Encontraremos a lo largo de este año posturas que propicien la necesidad de ofender o defender ciertas propuestas de la vida civilizada.

Si el poder político enfrenta los procesos de la vida civilizada, debemos, como guatemaltecos, entender cuáles son las limitaciones que ofrecemos a esa acción política. Donde realmente termina lo público y empieza la acción individual.

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