Guatemala, 8 de enero de 2008

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Hoy, esta vocación conciliadora se pone a prueba a partir del conflicto que se ha generado entre la Diócesis de Quiché, la Asociación Médicos Descalzos y el Comité de la Casa pro Desarrollo de Chinique, Quiché.
De acuerdo con un comunicado de estas dos últimas organizaciones, en 1989, recibieron una donación del Comité de Amistad para los Indígenas de Guatemala (CAIG) que utilizaron en la adquisición de una propiedad. La casa se registró a nombre de la Diócesis de Quiché, como forma de protección ante las amenazas que sufrían, ya que, en esa década, más de 40 catequistas y líderes comunitarios habían sido asesinados. En un acto público, ese mismo año, se entregó al Comité un contrato de usufructo que le permitiría administrar y utilizar como propias dichas instalaciones por tiempo indefinido. Todo lo anterior, se hizo con el apoyo del entonces párroco Benito Charlemagne y del obispo de la Diócesis, monseñor Julio Cabrera.
Durante todos estos años, ambas organizaciones han llevado a cabo una labor de recuperación y apoyo a la medicina tradicional de los pueblos indígenas, tarea fundamental para el desarrollo social en las diferentes comunidades. La Casa pro Desarrollo se ha convertido en un espacio donde los diferentes líderes y lideresas de las comunidades indígenas trabajan e intercambian sus conocimientos ancestrales, en campos como la salud materna, infantil, la atención primaria y la atención en salud mental. También se promueven actividades artísticas y culturales.
Sin embargo, desde el 1 de enero de este año debieron abandonar sus instalaciones, ante la decisión del párroco, del consejo, junta y equipo parroquial de la iglesia católica de Chinique de desalojarlos. “La Diócesis del Quiché, al avalar este reclamo y querer ocupar esta casa, está violando un acuerdo ético y moral adquirido con el Comité de la Casa pro Desarrollo”, señalan en el documento, en el cual exigen se reconsidere la medida y se respeten los derechos de la comunidad y sus ancianos.
Es importante que se inicie un proceso de diálogo para encontrar una solución al conflicto generado, que garantice la continuidad del trabajo de ambas organizaciones, el desarrollo de la medicina tradicional y las actividades culturales y artísticas de las comunidades. La intervención de la jerarquía de la Iglesia Católica, en el marco de su labor pastoral de coadyuvar a la paz y la reconciliación se hace imprescindible cuando ya se han agotado otras instancias.
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