Guatemala, 22 de enero de 2008

DE MIS NOTASEl Mirador en el discurso inauguralPor Alfred Kaltschmitt

RERUM NOVARUMInicios misionerosPor Gonzalo de Villa

PUNTO DE ENCUENTROSentencia de impunidadPor Marielos Monzón

SIEMBRATerrorismo jurídicoPor Carlos Enrique Zúñiga Fumagalli

WACHIK´AJKosmou politesPor Martín Rodríguez Pellecer

HOMO ECONOMICUS¿La reserva moral del Gobierno?Por José Raúl González Merlo
En febrero del año pasado cali- fiqué la candidatura vicepresidencial del doctor Rafael Espada como una “tragedia nacional”, porque dejaría de practicar la medicina (lo que costaría vidas humanas) y, además, porque innecesariamente ponía su prestigio al servicio de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Lo primero ya pasó. Es hora de trabajar en lo segundo.
El doctor Espada es, quizás, el primer vicepresidente que “no tiene necesidad” de participar en política. Habiendo adquirido, por mérito propio, fama y fortuna, lo único que puede explicar su nueva carrera será un legítimo espíritu de servicio.
Sus expectativas deben ser altas. No es lógico arriesgar un prestigio profesional, forjado a lo largo de toda su vida, para terminar cómplice (por acción u omisión) de la corrupción a la que nos tienen acostumbrados la función pública.
Por lo tanto, este vicepresidente, quiéralo él o no, se convierte en la reserva moral del nuevo gobierno. El doctor Espada deberá navegar en ese asqueroso mundo de la política y velar, con su ejemplo y las agallas que tenga, porque la administración “socialdemócrata” no permita la endémica corrupción. Cualquier reto médico que haya enfrentado a lo largo de su exitosa carrera, palidece frente a la dimensión de lo que él libremente eligió como su trabajo durante los próximos cuatro años.
No me refiero a las responsabilidades que la Constitución delega al vicepresidente. Los ciudadanos tampoco necesitamos un vicepresidente en funciones de ministro de Salud. Es lógico que esa sea su vocación. Pero Rafael Espada no hizo campaña en base a la experiencia política que le traería al binomio de la UNE.
Se supone que la “experiencia política” la ponía Colom. Espada le aportó prestigio y credibilidad en el momento que éste más lo necesitaba. Pues ahora llegó el momento de darle prestigio y credibilidad al Gobierno. Esa, y no otra, es la principal función del doctor Espada.
Los ciudadanos esperamos que, como vicepresidente, no tolere la corrupción y que sea con ese ahorro con el que se equipen los hospitales. Ahora que tiene poder político, debe asegurarse de que los otros funcionarios que también lo tienen, lo usen correctamente. Si no, ¿para qué se eligió como vicepresidente a uno de nuestros ciudadanos más honorables?
Charles Munger dijo en una oportunidad: “Nunca retoce con un cerdo, porque al final, los dos terminarán embarrados; pero al cerdo le habrá encantado ensuciarse”.
Doctor Espada: ahora que ya está en el chiquero de la política, no se deje embarrar por aquellos que, junto con usted, pero a diferencia de usted, llegaron al poder para “pasar de zope a gavilán”. Y si no puede o no se atreve, renuncie a tiempo y regrese a salvar vidas.
heconomicus@hotmail.com
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