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Guatemala, 25 de enero de 2008

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¿Por qué unos se “llenan” más rápido que otros? 

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Los niveles de saciedad de una persona con sobrepeso son diferentes a los de individuos con peso normal.
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Redacción buena vida

En la búsqueda de información sobre por qué algunas personas tienden a comer más que otras, un estudio sugirió que el cerebro actuaría diferente ante un estómago lleno, según el peso de la persona.

En un estudio cerebral por imágenes sobre 18 voluntarios, investigadores encontraron que quienes tenían un peso normal y sobrepeso tenían distintos patrones de activación cerebral como respuesta a las señales estomacales de “saciedad”.

Los participantes con sobrepeso mostraban menos actividad en un área del cerebro conocida como amígdala posterior izquierda que regula las emociones y tiene un papel clave en el apetito y la alimentación.

Estos resultados son la primera evidencia de relación entre la amígdala izquierda y la sensación de saciedad, afirmó el doctor Gene-Jack Wang, autor principal del estudio e investigador del Laboratorio Nacional Brookhaven.

Wang explica que una menor actividad en esa región explicaría por qué algunas personas siguen comiendo cuando el estómago está moderadamente lleno.

Evidencia

Para el estudio, el equipo usó balones gástricos que se podían dilatar para crear distensión estomacal en cada voluntario con el fin de estimular la sensación de saciedad que provoca una comida.

Se empleó resonancia magnética funcional (IRMf) para visualizar la actividad cerebral de los participantes a medida que sus estómagos se distendían.

El equipo descubrió que los voluntarios con sobrepeso sentían menos saciedad que los de peso normal cuando el estómago se distendía moderadamente. En los primeros, la amígdala estaba menos activa.

Los resultados, para Wang, indican que la amígdala sería un buen objetivo para las terapias de descenso de peso.

En otra investigación, explicó Wang, el equipo encontró que algunas personas podían suprimir el deseo de comer delante de los alimentos que más les gustaban y que eso, a su vez, modificaba la actividad en la amígdala.

Esto significa, que la terapia conductual modularía la actividad de la amígdala y el apetito en algunas personas.

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