Guatemala, 6 de julio de 2008
Vaivén de acciones a favor y en contra de los condenados
• En 1976, el Tribunal Supremo de Estados Unidos restableció la pena de muerte, que aún se aplica en 36 de los 50 estados de la Unión.
• El método para llevar a cabo las ejecuciones es la inyección letal. Nebraska era el único estado que mantenía la silla eléctrica como método de castigo, hasta febrero de este año, cuando se consideró anticonstitucional.
• En la actualidad, hay tres mil 263 personas condenadas a muerte.
• El asesino William Earl Lynd, ejecutado en Georgia el 6 de mayo pasado, consumó la pena de muerte número mil 100, desde 1976, y fue el primero desde que se puso fin a la moratoria de siete meses en el 2007, cuando se ejecutó solo a 42 personas.
• Desde 1976, 124 personas, que pasaron en promedio 10 años en el corredor de la muerte, han sido exoneradas al demostrar su inocencia, y evitaron así ser ejecutadas.
POR BRENDA MARTÍNEZ
Ahora la pena capital en Estados Unidos se aplicará exclusivamente a los asesinos, y no a violadores de niños, decisión que desata de nuevo el debate entre abolicionistas de este tipo de castigo por sonados casos de negligencias judiciales y partidarios que exigen su aplicación.
La Corte Suprema de Estados Unidos, en una resolución trascendente, dictaminó el 29 de junio pasado que aunque las violaciones a niños pueden ser particularmente atroces, la pena de muerte constituye un “castigo cruel e inusual” prohibido por la Constitución en caso de violación a un menor cuando el crimen no ocasionó la muerte.
En los últimos años, el Supremo ha limitado este método en otros casos. En el 2003 prohibió las ejecuciones de condenados con problemas mentales, y en el 2005 prohibió la pena de muerte para los que habían cometido sus crímenes cuando tenían menos de 18 años.
En una época, el foco de controversia sobre la pena capital, abolida tras la Segunda Guerra Mundial en la mayoría de los países europeos, era si servía para disuadir a los asesinos. En la actualidad, la discusión se centra en si es posible confiar en que el Gobierno estadounidense no ejecutará a un inocente.
El Proyecto Justicia, con sede en Washington, observó que por cada nueve ejecuciones efectuadas en Estados Unidos, una persona es absuelta. Esa cifra sugiere que muchos condenados podrían ser —o haber sido— inocentes.
Thomas Hill, abogado de un condenado a muerte en Ohio, cree que la respuesta es obvia: “Tenemos un sistema penal que comete errores. Si uno acepta esa premisa significa que hay que estar preparado ante la posibilidad de que alguien sea condenado a muerte por un crimen que no cometió”.
Un número desproporcionado de hombres y mujeres ejecutados en Estados Unidos en las tres últimas décadas eran personas desfavorecidas económicamente, de color y con poca o ninguna posibilidad de contar con un abogado competente.
Por lo general, provienen de hogares pobres y se criaron con violencia. Rara vez se condena a muerte a una persona de dinero o de prestigio. Existe inclinación de los fiscales a pedir la pena de muerte, lo cual es sumamente errático.
A menudo, la evidencia es demasiado antigua —algunas personas condenadas a muerte lo fueron por delitos cometidos hace 20 años o más—, no existe o es inadecuada.
En el 2001, el Centro sobre Condenas Erróneas de la Facultad de Derecho Northwestern analizó 86 casos de absolución de condenados a muerte y detectó muchos factores comunes, como falsos testimonios, identidad equivocada y mala conducta de policías y fiscales.
Pese a ese dilema, el máximo tribunal de ese país rechazó en mayo pasado el argumento de dos condenados a muerte en Kentucky de que la inyección letal —método más utilizado en ese país desde hace 30 años— era un castigo cruel e inhumano y, por lo tanto, anticonstitucional.
Desde que se pronunció la Corte Suprema, en lo que va de este año, se han ejecutado 10 personas —nueve por inyección y una en silla eléctrica—, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte.
Esa organización prevé que la cantidad de ejecuciones se eleve a por lo menos 60 al final del 2008, respecto de las 42 del 2007.
Sin ir lejos, el estado de Florida reanudó el martes último las ejecuciones con el ajusticiamiento de Mark Dean Schwab, un reo condenado a muerte por el secuestro, violación y asesinato de un niño de 11 años, perpetrado en 1991.
No obstante, la aplicación de la pena de muerte se ha reducido progresivamente en EE. UU., pese a que todavía es aprobada por la mayoría de la población.
Partidarios de la pena capital descartan su abolición. “Desde 1999, cien mil inocentes han sido asesinados en Estados Unidos”, expresa Michael Paranzino, presidente de un grupo que apoya las ejecuciones. “Y nadie proyecta una conmemoración en homenaje a todos esos muertos”, añadió.
Estados Unidos sigue siendo una isla para la pena de muerte entre los países occidentales, el único donde no solo sigue vigente sino que, además, recibe un sólido apoyo por parte de su ciudadanía, aunque su desacertado sistema permita ejecutar a inocentes.
información de agencias
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