Guatemala, 6 de julio de 2008
El Cañón del Colca constituye uno de los abismos más profundos del mundo, localizado en Perú, y que tiene una profundidad dos veces mayor al Gran Cañón de Colorado (EE. UU.), con aproximadamente 100 km de longitud y una profundidad de 3 mil 400 metros.
POR HUGO SANCHINELLI
hsanchinelli@prensalibre.com.gt
El cañón del Colca se creó en el departamento peruano de Arequipa, provincia de Caylloma, por una formación geológica producida por una falla en la corteza terrestre, donde sigue actuando la erosión milenaria de las aguas del río Colca. Está a 4 mil 350 metros sobre el nivel del mar.
Ahí está el mirador Cruz del Cóndor, por donde los turistas se alistan para ver a esta ave andina que sobrevuela el cañón (es tan profundo que a veces el cóndor vuela por debajo del mirador).
El cóndor andino es un ave gregaria y carroñera, cuyo cuerpo mide entre cien y 120 centímetros, aunque la envergadura de sus alas puede alcanzar los 3.5 metros.
La zona se halla rodeada por volcanes como el Coropuna, el Ampato y el Sabancaya.
El Colca tiene un gran potencial turístico por sus atractivos naturales y la peculiaridad de sus habitantes: los collahuas y los cabanas, las dos etnias que habitan el lugar.
Los cabanas son los pobladores originarios, y los collahuas llegaron en torno 900 años A. C. desde el altiplano de Puno (sur de Perú) y Bolivia, y ocuparon las partes altas del cañón, más acostumbrados al frío y a las latitudes extremas.
Los incas invadieron el Colca en el siglo XV e impusieron su sistema administrativo y la lengua quechua, pese a que apenas estuvieron cien años en ese territorio.
En ese lapso se arraigaron sus costumbres y perfeccionaron las terrazas de cultivo esculpidas en las paredes del cañón, que siguen siendo deslumbrantes 500 años después.
Con los españoles, llegaron los franciscanos, quienes erigieron una iglesia en cada uno de sus actuales 17 municipios de Arequipa, la mayoría rehabilitadas por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Con su llegada, se asentó el sincretismo y se reafirmaron costumbres de los indígenas locales, algunas aún vigentes.
Un ejemplo de una arraigada tradición era la de deformarse la cabeza con tablas que les presionaban el cráneo, tal y como venían haciendo los collahuas y cabanas desde tiempos ancestrales, pero que fue prohibida.
Para hacerlos desistir de esta práctica, los franciscanos les colocaron los característicos sombreros bordados y de tela encolada.
Este admirable sitio natural se encuentra nominado para el concurso de las Siete Maravillas Naturales del Mundo.
Recuerde que por Guatemala participa el Lago de Atitlán, que actualmente ocupa el puesto 28 entre las 77 candidatas preseleccionadas por un jurado de los organizadores. Hasta diciembre próximo serán elegidos los primeros 21 sitios entre los participantes, y de éstos se escogerán los siete ganadores que obtengan más votos por medio de Internet.
Se puede participar y votar, sin costo alguno, por medio del sitio de Internet: www.new7wonders.com.
Con información de agencias y sitios de Internet
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