Guatemala, 6 de julio de 2008
Para Lisardo Bolaños, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, el escándalo en el Congreso ha tenido efectos negativos, no solo en la imagen de algunos diputados, sino en la del organismo, pues la población no juzga a los posibles responsables, sino que generaliza. “Se daña la credibilidad de un organismo que debería estar promoviendo cambios para el país”, opinó.
Para solventarlo, instó a los legisladores a tomar medidas en rescate de la imagen del Legislativo. Transparentar y hacer más eficiente su administración y aprobar la ley de acceso a la información pública son algunas de las acciones recomendadas.
“El presidente en funciones (Arístides Crespo) podría aprovechar esta oportunidad para tomar esas decisiones, y así fortalecer su imagen y ganar protagonismo positivo”, aseguró Bolaños.
Para quienes se han visto ligados al desvío millonario, opinó que lo mejor es que mantengan un perfil bajo, por ahora, para evitar que su imagen se desgaste más. “Esa podría ser la estrategia que están empleando”, observó.
“Mi ausencia no tuvo nada que ver con el escándalo; coincidió con mis vacaciones, que ya había planificado con mi familia. Seguiré con mi trabajo de fiscalización. Creo que podría llegar a la presidencia del Congreso, pero no sé si quiero hacerlo”, aseguró Roxana Baldetti, del PP.
Eduardo Meyer, presidente del Congreso, con permiso para ausentarse, anunció que regresará a su cargo en agosto próximo, “más limpio” que cuando lo dejó. Lamentó que para entonces “será tarde para retomar” los planes que impulsó desde la presidencia. Asegura que no busca la reelección.
“Hay un proverbio chino que dice que después de una tormenta, hay oportunidades. Pero no la veo como una oportunidad para mi imagen política, sino para resguardar y mejorar el trabajo del Congreso”, dijo Arístides Crespo, presidente en funciones del Legislativo.
Por Ana Lucía Blas
El desvío de Q82.8 millones de los ahorros del Congreso a una casa de bolsa no solo tuvo repercusiones legales para los supuestos responsables —como Byron Sánchez, ex asesor privado de la presidencia de ese organismo, o José Conde, ex jefe financiero— y para aquellos contra quienes pesan órdenes de captura o antejuicios en trámite —Rubén Darío Morales, ex presidente, y Eduardo Meyer, presidente actual—, sino también truncó las ambiciones de varios diputados.
Roxana Baldetti, jefa de bancada del Partido Patriota (PP), ha sufrido las consecuencias. Después de haber criticado enérgicamente el traslado de fondos, cuestionado a funcionarios y exigido la renuncia de Meyer, la legisladora se mantuvo en silencio durante más de una semana; ni siquiera contestaba su teléfono celular. “Estuve de viaje con mis hijos”, comentó.
Unos días antes de su viaje, la Intendencia de Verificación Especial (IVE) ligó al caso a Otto Pérez Molina, secretario general del PP, ya que recursos de la cuenta en que se depositó el dinero del Congreso, en Mercado de Futuros, S. A., fueron a dar a una cuenta a nombre de él.
Aunque Pérez explicó que se trataba de un préstamo personal del gerente de esa casa de bolsa, Raúl Girón, las críticas no se hicieron esperar en el Legislativo y sectores sociales.
Ya de vuelta, Baldetti ha insistido en exigir justicia y en señalar que el responsable del desvío, “por acción u omisión”, es Meyer. Pero sus críticas se han limitado a unas cuantas declaraciones de prensa y ha evitado tomar la palabra en el hemiciclo.
Según se comentaba en ese organismo, Baldetti promovía su campaña para presidir el Congreso el próximo año. Ahora hay quienes ven pocas posibilidades de que lo logre.
Otro que se quedó frustrado en su campaña fue Meyer, de quien, se decía, cabildeaba por su reelección —aunque él lo ha negado—. El presidente del Legislativo tuvo que pedir, hace un mes, permiso para ausentarse de su cargo y de su curul, mientras se determina quiénes fueron los responsables de aquella transacción irregular —él ha insistido que no tenía conocimiento de ésta—.
En una entrevista reciente, Meyer anunció que regresará a la silla presidencial, en agosto próximo, “más limpio que antes”. No obstante, opinó que “será demasiado tarde para retomar los planes” que él impulsaba, como la construcción de un nuevo edificio para el Congreso, una campaña de publicidad y el Instituto de Altos Estudios Legislativos.
Arístides Crespo, presidente en funciones, es quien podría resultar favorecido de esta situación, coinciden analistas y diputados, ya que tiene dos meses para dirigir el Congreso. Hasta ahora, ha hecho todo lo posible por salir bien librado.
Manuel Baldizón, congresista de la Unidad Nacional de la Esperanza y presidente de la Comisión de Finanzas, es uno de quienes más protagonismo tienen en el Congreso. Sin embargo, desde que se conoció el desvío millonario, ha permanecido en silencio. Ni siquiera ha acudido a las sesiones extraordinarias, y no contesta su teléfono. Muchos se preguntan dónde estará y el porqué de su ausencia. “Está de viaje”, dicen unos, pero no son capaces de explicar en dónde.
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