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Guatemala, 6 de julio de 2008

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FARC enfrentan su peor momento en 44 años de lucha armada 

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“Las FARC ya perdieron todos sus ases que tenían bajo la manga para negociar con la comunidad internacional, lo perdieron. Ahora lo que tienen son unas personas que la única razón de estar allá es un capricho de la guerrilla”.

Íngrid Betancourt,

Ex candidata presidencial colombiano-francesa

Drama

Ángel de la guarda y compañero de infortunio  Cabo-enfermero salvó la vida de Betancourt 

El cabo del Ejército colombiano William Pérez, un soldado profesional con conocimientos básicos de enfermería que trabajó en un hospital militar de Bogotá, se convirtió en el ángel de la guarda de sus compañeros de cautiverio y, según admitió Íngrid Betancourt, le salvó la vida.

Pérez, de 36 años, nació en La Guajira al extremo norte de Colombia. Luego de ingresar en las filas oficiales fue trasladado al sur de ese país —en el caserío de El Billar, en el departamento de Caquetá—, donde fue secuestrado el 2 de marzo de 1998, durante una toma rebelde.

“Él fue mi enfermero en momentos en que estuve muy mal de salud. A él le quiero hacer un reconocimiento especial porque si no fuera por William, hoy no estaría aquí; fue esencial para mí”, admitió Betancourt, aferrada a la mano del militar, rescatados ambos junto a otros 13 rehenes de la guerrilla de las FARC.

Pérez, visiblemente enfermo, narró cómo la ex candidata presidencial se sumió en tal estado de depresión, que sus brazos se inmovilizaron y por momentos perdió el conocimiento. “Ella estaba muy débil y me tocó suministrarle mucho suero, alimentarla con cuidado porque ella no podía comer nada, todo lo que comía lo vomitaba”, relató.

“Yo le ayudaba a subir y a bajar porque ella no tenía ánimo ni para caminar. No podía caminar”, enfatizó el joven que reveló que pese a que los rebeldes tenían en ocasiones medicamentos no sabían usarlos.

“Algunas veces Íngrid me decía que se quería morir porque no veía solución. En las pruebas de supervivencia que ustedes vieron, y que escandalizaron al mundo, ella ya estaba mejorando”, recordó el militar.

Cautiverio

Sobrevivencia

Ex rehenes de las FARC narran condiciones y actividades en la selva colombiana.

• Los ex rehenes se levantaban a las 5:30 de la mañana, manifiesta el cabo del Ejército William Pérez. A las seis les daban como desayuno un panecillo de maíz, y luego pasaban a hacer una hora de ejercicios físicos.

• Después escuchaban la radio y esperaban un almuerzo de arroz, pasta y lenteja. Quizá unas 15 veces al año les daban un poco de carne o vegetales. Las únicas frutas que comían eran las silvestres, explica Pérez.

• La cama era el suelo en sus improvisadas tiendas de campaña. Se bañaban en ríos.

• Los rehenes normalmente pasaban el día oyendo la radio y conversando, hasta que se acostaban cerca de las seis de la tarde, relata el cabo primero.

• La ropa, especialmente la interior, era escasa, narra Íngrid Betancourt. La comida provenía de una olla vieja, “brillante de tanto uso”, que no tenía siquiera tapa.

• Pérez asegura que a menudo el peor desafío era el aburrimiento, interrumpido por periódicas marchas de un campamento a otro en busca de nuevos escondites. Sus peores recuerdos son estar encadenado por el cuello y obligado a caminar sin botas.

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Después de haber estado seis años secuestrada por las FARC, Íngrid Betancourt fue rescatada el miércoles recién pasado junto a 14 rehenes más.

Bogotá, Colombia

A cinco días de la liberación militar de 15 rehenes de las FARC, entre ellos la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt y tres estadounidenses, los observadores se plantean ahora cuál será el futuro político de esa dirigente y del grupo guerrillero colombiano.

Con el rescate de los prisioneros, entre ellos la colombiano-francesa, los rebeldes perdieron su botín más precioso, justo cuando enfrentan su peor momento en 44 años de lucha armada, con la pérdida de varios jefes y serios problemas logísticos y de comunicación.

Además, la ex candidata también constituía el perfecto escudo humano frente a una eventual intervención militar. No en vano, en sus comunicaciones internas, los líderes del grupo rebelde se referían a ella cínicamente como la “joya colombiano-francesa”. En la computadora incautada a Raúl Reyes, número dos de las FARC muerto en un ataque contra su campamento en Ecuador, los jefes dejan muy claro en sus correos que retendrían a Íngrid el mayor tiempo posible. Ahora todo se les ha venido abajo.

Esa guerrilla tiene “que replantearse toda su actuación. Tiene que hacer un alto en su camino pues sin estos secuestrados no tiene la misma capacidad de presionar al Gobierno”, declaró Carlos Eduardo Jaramillo, ex consejero de paz.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) aún conservan a 24 rehenes, todos colombianos y ninguno de ellos con la relevancia política de la ex candidata presidencial Betancourt, o con la importancia estratégica de los tres estadounidenses contratistas del Pentágono.

“El hecho de que los secuestrados que quedan en poder de la guerrilla colombiana no sean relevantes políticamente, les indica que no van a poder seguir usando el secuestro como arma política”, explicó Jaramillo.

Momento difícil

Las FARC perdieron en marzo pasado —por enfermedad— a su líder histórico, el octogenario Manuel Marulanda, y a otros dos de los siete miembros de su Secretariado (cúpula).

Varios de sus mandos medios que se han entregado o desertado también admiten que tienen problemas de aprovisionamiento, y las comunicaciones parecen estar seriamente debilitadas, como se sabe por de la operación Jaque usada por el Ejército para infiltrar al comando que vigilaba a los secuestrados y obtener su liberación.

El Gobierno colombiano dedujo a comienzos de este año que ese grupo armado tenía entre seis mil y ocho mil combatientes, menos de la mitad de los que se calculaban en el 2002, cuando el presidente Álvaro Uribe llegó por primera vez al poder.

Pese a eso la guerrilla mantiene una fuerte influencia en amplias zonas, especialmente en regiones del sureste como Guaviare, Caquetá, Putumayo y Nariño, donde existen amplios cultivos de hoja de coca que les permiten financiarse, según afirman autoridades.

“Es inexacto decir que las FARC han sido derrotadas, pero si están muy debilitadas”, expresó Íngrid después de su rescate a manos de militares, que se hicieron pasar por guerrilleros y que fueron a la selva en un helicóptero para supuestamente trasladar a los rehenes.

“Ese es un duro golpe, que repercute en la desmoralización, pero no es el fin de la guerrilla”, declaró, por su parte, el periodista y dirigente del partido Comunista Carlos Lozano.

Lozano cree que Alfonso Cano, quien asumió el comando de la mayor guerrilla colombiana en reemplazo de Marulanda, tiene una oportunidad histórica para dar un giro a la lucha que ese grupo lleva desde 1964.

“Ojalá les sirva para que analicen que la confrontación bélica no es la salida, dejen en libertad a los demás secuestrados y se decidan por una salida política”, refirió.

El futuro de Íngrid

Transcurrida la euforia desatada en Colombia por el rescate militar, ahora surgen interrogantes sobre cuál será el futuro político de Betancourt.

Ella era candidata a la Presidencia de Colombia por un grupo ecologista en el 2002, año en que fue secuestrada.

Íngrid irrumpió el día de su liberación como una figura política fresca y madura, ajena a la niña terrible y polémica de antes de su cautiverio, conciliadora y que incluso dio un espaldarazo al presidente colombiano Álvaro Uribe, al expresar que su reelección en el 2006 fue un golpe contundente para las FARC.

“Pienso que la guerrilla colombiana había apostado durante muchos años a que cada con cambio de gobierno tenían un respiro, se volvían a reencauchar militarmente”, mencionó.

Además, “por el efecto del péndulo, después de un gobierno de mano dura, venía por lo general un gobierno de mano tendida, y eso les permitía mantenerse vigentes operativa y militarmente”, explicó.

Consultada sobre si se instalará en Francia o en Colombia, respondió que “lo ideal” sería tener “el don de la ubicuidad, poder estar en ambos lugares al mismo tiempo”, antes de reconocer que “no es posible” .

“No sé qué haré. ¿Me quedaré en Colombia? Quizás. Iré a Francia seguramente también a menudo”, comentó.

La recién liberada manifestó que lo primero que quiere hacer, una vez terminen las ceremonias y actos de bienvenida, es irse unos días con sus hijos y “estar sola con ellos. Estar en familia, en la felicidad absoluta”.

¿Aspirará a la Presidencia?

A preguntas sobre si la energía de que hace gala, pese al cautiverio sufrido, la llevará a volver a tener un papel público como optar a la Presidencia de Colombia, no quedó claro.

“Si sigo con la ilusión de servir a Colombia, ¿si desde la Presidencia?, solo Dios sabe. En este momento quiero simplemente sentirme un soldado más de Colombia al servicio de la patria”, declaró la ex candidata el día del rescate.

No obstante, aclaró que una resolución de este tipo la tomaría luego de conversar con sus hijos, Melanie y Lorenzo, y su madre, Yolanda Pulecio.

“A mi familia les impuse (en el pasado) decisiones que los hizo sufrir mucho. Ahora, quisiera que mi futuro fuera pactado con ellos. Que tomemos juntos la decisión de cuáles pueden ser mis actividades futuras”, añadió.

AFP-EFE-AP

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