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Guatemala, 8 de julio de 2008

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WACHIK´AJMartín RodríguezEnredado

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“Ningún hombre puede cruzar dos veces el mismo río. El río no es el mismo ni el hombre tampoco”. Volver después de 10 meses de ausencia es en sí otro viaje, y la frase de Heráclito es exacta para describir mi regreso al país. Lo encuentro enredado y desenredable.

Enredado por la profunda crisis económica que causaron los precios del petróleo y de la comida, por la falta de coherencia del Gobierno, por el lodazal en el que metieron muchos diputados a todo el Congreso, por la intransigencia de parte de la élite empresarial, por la profunda crisis económica, por la falta de liderazgo y de ideas, por el pesimismo que tenemos naturalizado, por la falta de solidaridad real, por la falta de una cultura de sinceridad.

Y no es que sea imposible de solucionar o de desenredar. Es como si un gato hubiera jugado con una pelota de lana durante muchas décadas y los esfuerzos por desenredarlo fueran menores, y que, sumado a nuestro pesimismo naturalizado, nos hace creer que el partido lo perdimos ya 7-0. No. Vamos ciertamente como 5-2 abajo, pero si ya logramos dos goles, podemos lograr más y podemos esforzarnos por cuidar que no nos metan más goles la adversidad y quienes disfrutan apaleando el país creyendo que lo salvan (ojo, neoliberales, militares, algunos activistas de derechos humanos, algunos colegas periodistas o los ciudadanos indiferentes).

Creo que mi mayor aprendizaje en estos 10 meses fuera ha sido dejar de considerar que haya cosas que sean naturales. No es natural la desigualdad, no es natural la falta de sinceridad, no es natural que el Centro Histórico sea hermoso y abandonado, no es natural que no nos importe el otro y seamos egoístas, no es natural que estemos condenados a un servicio de transporte público asqueroso ni es natural el clientelismo político o creer que todos los políticos son corruptos o que todos los empresarios son bienhechores. No es natural el racismo. En vez de naturalezas, son construcciones, son imaginarios que hacemos para organizar nuestra forma de relacionarnos con el resto del mundo. Los imaginarios son indispensables, válidos y útiles, pero también moldeables.

Tampoco es natural, pero sí es lo recomendable, ver en las crisis oportunidades. Así como sucede ahora en el Ministerio de Gobernación: el lamentable accidente del valioso ministro Vinicio Gómez sirvió para que el presidente Colom colocara a un joven ministro Jiménez que empieza con el pie derecho, haciendo cambios necesarios para avanzar en la institucionalización del Ministerio. El escándalo del jineteo de Q82 millones en el Congreso está dando paso a la aprobación de la histórica ley de acceso a la información por parte de los diputados.

La crisis petrolera que generaron los especuladores que apuestan en las bolsas de valores del “civilizado” primer mundo nos ha llevado, al menos, a pensar en alternativas energéticas en un debate aplazado, y toma forma con propuestas interesantes como la de Petrocaribe (sobre la que escribiré el próximo martes). Como ven, el enredo se puede desenredar.

Ser optimista no es fácil y se necesita de rituales de reconciliación con mi ciudad y mi nación que dejen campo para soñar y disfrutar la vida. El sábado por la mañana fui a ver la Bienal de Arte Paiz y pasé por el segundo piso del Centro Cultural Metropolitano. Escuchar y ver a niños y adolescentes ensayar con trompetas, saxofones, violines y chelos de manera gratuita es una experiencia sublime. ¿Se imaginan cuánto disminuiría la violencia y crecerían los sueños si hubiera otros 15 centros culturales, gratuitos, públicos, en la Ciudad de Guatemala, y otros cientos en todo el país?

martinpellecer@gmail.com

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