Guatemala, 8 de julio de 2008
John McEnroe y Bjorn Borg, que en 1981 protagonizaron una final de Wimbledon comparable a la que disputaron Rafael Nadal y Roger Federer, presenciaron el encuentro, que McEnroe calificó como el “mejor partido” que ha visto nunca y en el que se cumplió la predicción de Borg de que Nadal saldría ganador.
McEnroe, que ejerció de comentarista para la cadena NBC, dijo: “Creo que he presenciado el partido más grande que he visto nunca. El drama, la calidad y la forma en la que terminó cuando parecía que no era posible que se jugara más tenis fue algo extraordinario. Estoy muy contento de haber podido ser una parte de ello, aunque sea de forma pequeña”, afirmó.
En la final de 1981, el tenista estadounidense arrebató a Borg el que habría sido el sexto título consecutivo del sueco en Wimbledon, en un duelo histórico que el domingo muchos compararon con el encuentro de cuatro horas y 48 minutos entre el español y el pentacampeón suizo.
Madrid. La histórica victoria de Rafael Nadal en Wimbledon y la notable progresión de los jugadores españoles en el césped de este torneo abren una nueva etapa para el tenis español y pone una guinda perfecta al año en el que España se puso de moda en el deporte mundial.
Fue el Wimbledon de la euforia, de las lágrimas, de la épica, de la final masculina más larga que se recuerda (4:48) entre los dos amos de la raqueta. Fue, en suma, el Wimbledon que marcó un antes y un después respecto a las aspiraciones de España.
El deporte español ha ascendido un peldaño más y se ha convertido en el centro de todas las miradas. Mientras Nadal ventilaba los primeros obstáculos del torneo con precisión de torero, la España de Luis Aragonés desataba la locura al derrotar a Alemania y proclamarse, 44 años después, flamante campeona de la Eurocopa y situarse primera en el ranquin de la FIFA.
La proeza de Rafa en la catedral del tenis es la última huella que España ha dejado en el mapa mundial. Nadal conquistó el territorio de Wimbledon, propiedad privada de Federer en el último lustro, en una cita memorable y épica. Sus cuatro Roland Garros agigantan lo conseguido.
Bola a bola, set a set, el hombre de los “músculos de acero”, el Nadal más completo, el mejor Nadal en hierba, derrochaba a todo el que se pusiera enfrente.
Y no solo ganaba la final, derrotaba al número 1, al rey Midas de la hierba, en “la mejor final de la historia”.
El ciclón Nadal arrasó el año en el que Pau Gasol, otro gigante español, alcanzó por primera vez una final de la NBA. Antes el propio Rafa había sumado su cuarto Roland Garros. Alberto Contador se llevó el Giro y el mismo día que Nadal derrotó a Federer, Alejandro Valverde se enfundó el maillot amarillo. Es el año de España, en definitiva.
España se sitúa en primera línea del deporte mundial. La prensa extranjera hace sus cábalas y se pregunta dónde está la clave. ¿Qué ha cambiado en la mentalidad de este país? ¿Por qué ya no es solo Nadal, sino que el resto de la flota española ha navegado más lejos que nunca?
Y no solo se habla de tenis, la gloria no es tan solo deportiva. El diario inglés Independent se saca de la manga un suplemento de ocho páginas en el que detalla por qué España manda en deporte, gastronomía, cultura, arquitectura, moda, etcétera.
El domingo, Wimbledon se vistió de escarlata ante los príncipes de Asturias, y un Nadal hecho un mar de lágrimas se saltaba el protocolo a la torera para trepar por la Central y saludar a don Felipe y doña Letizia.
Estaba hasta el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, que solo falta que se salga con la suya y lleve al fútbol español al mejor jugador del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo.
EFE
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