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Guatemala, 6 de marzo de 2008

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Por Juan Carlos Lemus

El montaje Híbridos a presión, coro, danza contemporánea y percusión, es un homenaje a dos abuelos del arte: Joaquín Orellana (1937) y Efraín Recinos (1928).

Son pasadas las ocho de la noche del jueves 28 de febrero. Recinos, sin protocolo, lleva, como siempre, sus pantalones de lona manchados de pintura. Se pone de pie cuando es llamado al estrado; a pocos pasos se le une Orellana. Ambos se abrazan; se ceden el paso como repitiéndose aquello de “pase usted, después de usted, no faltaba más...” Joaquín Orellana es un hombre de a pie, tanto en la ciudad de Guatemala como en Japón, donde también hace poco le hicieron un homenaje. Suben a recibir el reconocimiento oficial que, por parte del Ministerio de Cultura y Deportes, les entrega el guitarrista William Orbaugh, hoy director del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, edificio diseñado por Recinos.

Regresan a sus butacas. Se corren las cortinas y aparecen los bailarines del grupo Coguares, se suma el coro Victoria, dirigido por el maestro Julio Santos, al fondo suenan los sonidos labrados por el Cuarteto de Percusión de Guatemala. Es danza contemporánea interpretando raíces guatemaltecas. Esa fusión de las formas europeas y sonidos nacionales brinda una grata cadencia rítmica, reforzada por el coro que, además de cantar, hace movimientos teatrales. Se oyen las teclas de madera diseñadas con formas caprichosas por Orellana (son sus “útiles sonoros”). El barco navega con las escenografías bien logradas de Ileana Flores, Vanesa Rivera, Iván Solís y Betsabé Santos.

Puede que después de media hora el montaje requiera de algo que lo revolucione a sí mismo, quizá de unos toques de picardía, pues la cadencia que al principio gusta se vuelve monótona y domina demasiado el espectro. Después de todo, se lo permitiría el concepto de visión contemporánea que plantea.

Todo finaliza y salen los homenajeados, quienes además de abuelos del arte pueden serlo del rock, pero no porque sean aficionados a ese ritmo musical sino por el empuje transgresor, revolucionario y desobediente que los caracteriza, así lo demuestra su obra artística.

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