Guatemala, 7 de marzo de 2008

CATALEJOConsideraciones sobre una crisisMario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASDónde ir en la Semana MayorAlfred Kaltschmitt

FARO¿Crisis controlada?Rodrigo Castillo Del Carmen

SIEMPRE VERDENo es normalMagalí Rey Rosa

VENTANAComo PizarroRita María Roesch

COLABORACIÓNJosé Miguel ArguetaEntregado a la vida
Estos últimos días he tenido tiempo para reflexionar sobre la familia. Qué cosas asfixian la relación entre padres e hijos, entre hermanos, en el seno del hogar. Y dedico estas líneas a esa cavilación. Empiezo diciendo que muchas veces expresamos lo que sentimos entre coetáneos (gente de nuestra misma edad), pero raramente lo hacemos entre contemporáneos (gente de distinta edad que comparte nuestro espacio vital, sin ser de la misma edad).
Eso abre la enorme brecha que separa a padres de sus hijos, a los profesores de sus estudiantes, a los ancianos de los niños; a niños, adolescentes, jóvenes entre sí. Eso trae como consecuencia que los canales de transmisión de valores y cultura no estén disponibles para lograr las metas que todos anhelamos, y genera la crisis social que afecta al país.
En la sociedad de la información, en el mundo virtual, en la era de las redes telemáticas, el mundo se hace cada vez más estrecho, pero la relación entre los seres humanos se hace más dispersa y enferma. Eso es porque se produce un vacío en lo que realmente debe prevalecer: la vida que, día a día compartimos con los que amamos y nos importan.
Perdemos el sentido de solidaridad, de moral, porque irrumpimos violentamente en el ámbito de las pasiones y emociones que nos hunden en la miseria de la falta de sentido. La primera consecuencia de esa acción es que dejamos de ser responsables en la vida con lo que realmente importa.
Entregarse a la vida es aprender a ser responsable. Muchas veces calculamos mal la dimensión de nuestras palabras y nuestras acciones con que solemos afectar a quienes amamos y con los cuales queremos realizar un proyecto de vida.
Entregarse a la vida es siempre una elección. ¿Cuántas veces la madre o el padre no eligen incluso lo que provoca su propia infelicidad, con tal de propiciar el bienestar de los que ama? Incluso, constantemente se sufre por quienes se quiere proteger. La alegría y la infelicidad son dos elecciones en la vida a las que constantemente estamos enfrentados.
Entregarse a la vida es siempre tener metas altas, objetivos claros, y lograr todo eso de la mano de aquellos que, sin tener nuestra edad, comparten la esfera de nuestra vida social. La vida civilizada se encuentra en el reconocimiento de reglas de recto comportamiento, en el reconocimiento del valor de la estabilidad emocional y física de los que formamos parte de esta sociedad.
La esfera de la vida personal implica el reconocimiento de todas las acciones que importan todos los días, los comportamientos que tenemos que repensar, refundir y revalorar. En la vida privada hay aristas que solo pueden limarse desde dentro, con voluntad de acción y de decisión, para adaptar nuestra acción al logro de una vida plena para todos.
Hoy exhorto a la comunicación entre los coetáneos y contemporáneos, a que se puedan reconocer sus metas, su forma de ver la vida, sus cuitas, sus temores y sus aciertos. Encontraremos que lograr una vida civilizada comienza en el reconocimiento de nuestras propias debilidades y fortalezas en la comunicación entre distintas generaciones.
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