Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 8 de marzo de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.67

Búsqueda

  

Archivo digital

Publicidad

Gente Joven

Verano para el alma 

Más que desfiles atestados 

Presenciar el paso de procesiones o incluso participar en ellas como cargador debe ser más que una tradición familiar, una costumbre de los años. Se trata de revivir la pasión de Cristo, pero también de compartir del dolor de quienes llevan una cruz más pesada que la propia: a quienes les han asesinado a un familiar, padecen una enfermedad terminal o se encuentran aprisionados en las rejas de la depresión, el alcoholismo o la narcodependencia.

Días para meditar 

Algunos valientes aprovechan los días libres para asistir a alguna conferencia de tema religioso, para acercarse a la iglesia (ya sea católica o de alguna denominación evangélica), de la cual se han alejado por diversas razones, e incluso buscan algún retiro de uno o dos días para poner en orden esa desordenada biblioteca de sentimientos, impulsos, pasiones, errores y buenas intenciones.

Valorar a la familia 

El mismo paseo veraniego con esposa, hijos, padres o primos puede servir para caer en la cuenta de los comportamientos personales que han significado una mayor unión o por el contrario una fuente de discordia. Motivadores como Dale Carnegie o Wayne Dyer afirman que el cambio de los demás sólo es posible comenzando por cambiar uno mismo. Dejar de criticar, de sentir autocompasión, vencer los complejos de inferioridad (que frecuentemente llevan a decir que tal hermano es el favorito) es un buen primer paso. Obviamente, después del paseo vendrá la rutina, los días que serán la perfecta prueba para saber si la decisión pasó a ser convicción.

Ver, oír y meditar 

Los canales de televisión, tanto nacional como de cable, transmiten diversos programas con un contenido bíblico o en todo caso, reflexivo. Si nunca has visto Ben-Hur, Los 10 mandamientos o La Pasión de Cristo, o intentarás verlas con otros ojos, menos maduros desde la última vez, seguramente habrá un buen resultado. También las iglesias proponen actividades de oración, penitencia y enseñanza. Querer aprender es lo único que se necesita.

Orar cuesta 

A muchos les suena cursi, ridículo, innecesario, aburrido. Pero así como el cuerpo necesita alimento y la mente necesita estímulos motivadores, el espíritu requiere atención y contacto con el infinito. Según la disciplina que se consiga, se pueden dedicar varios minutos cada mañana o cada noche (o ambas) para agradecer la vida recibida. Si se tiene conciencia del origen de la Semana Santa, se tendrá claro por qué es conveniente inclinar el rostro y elevar una oración el viernes 21 de marzo a las tres de la tarde.

Especiales
Fotogalerias
Entretenimiento
Mapas de Guatemala
Publicidad

Redacción gente joven

A toda persona le llega el momento de hacer un alto, de detener la marcha, de frenar el ímpetu de la parafernalia mercadotécnica que parece arrastrarnos hacia el consumo irrefrenable para ser felices.

Los días de descanso de la Semana Santa generalmente se asocian con playa, piscina, hamaca placentera, coco frío y hielera bien surtida, una expectativa totalmente válida, merecida si se ha trabajado con entusiasmo durante el primer tercio del año; sin embargo, puede ser que ahora el hambre y sed interiores van más allá de las margaritas, los ceviches y el pescado a la plancha junto a las olas.

Quizá (y tan sólo quizá) sea momento de disponerse a ponerle atención al propio espíritu.

Estas sólo son algunas claves, en tono de sugerencia, para revivir el primigenio significado de la época.

No se trata de caer en el conservadurismo o de volverse “cachureco”, sino simplemente de comprender que somos cuerpo, mente y… alma.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2007 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio