Guatemala, 8 de marzo de 2008
Antes trabajó en juzgados civiles y penales, pero Elia María Berdúo Samayoa tiene 10 años de llevar casos de violencia intrafamiliar, como jueza de Familia.
“Cuando hay sensibilidad, lo más satisfactorio es estar allí para poder auxiliar a las víctimas que tienen problemas”, expresó Berdúo.
Contó que en un año le toca escuchar a unas 180 mujeres que han sido golpeadas. Pese a que entre los requisitos que deben presentar está la cédula de vecindad, afirmó que entiende la situación de las mujeres afectadas.
“Cuando vienen acá han salido huyendo y han dejado sus cosas, sus documentos de identificación”, agregó. Por ello, dijo, las escucha aunque a que a veces no portan sus documentos.
Otras mil 800 denuncias de maltrato a mujeres llegan por medio del Ministerio Público, la Procuraduría de los Derechos Humanos y la Defensoría de la Mujer. Berdúo refirió que les ofrece medidas legales, para que sus esposos no se acerquen a ellas ni a sus hijos.
Sin embargo, reconoció que hay deficiencias en el seguimiento de estas medidas.
La profesional afirmó que le satisface que en casos de divorcios ha logrado que dos parejas se reconcilien. “En la mayoría de situaciones no se puede hacer nada; en muchos casos involucran niños, aunque los problemas sean de la pareja”, explicó.
Esta jueza se muestra satisfecha de auxiliar a las mujeres sobrevivientes de violencia intrafamiliar y de ayudarlas a que conozcan sus derechos.
Su experiencia le indica que muchas mujeres caen en el círculo de violencia y creen que la segunda o tercera vez que regresen a buscar ayuda ya no serán escuchadas.
“Eso no es así, ya que siempre estarán las puertas abiertas para ellas”, añadió.
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